Tell us about your voluntary experience abroad!

Authors

Utopía argentina

La utopía es un horizonte. Si caminas diez pasos ella camina diez pasos. Si caminas veinte pasos, ella va veinte pasos más allá. ¿Para qué sirve entonces la utopía? Para eso sirve, para caminar.

En la pantalla de mi retina había aterrizado en ese aeropuerto cientos de veces. Entre todas ellas, la que pisé suelo argentino con mis propios pies, aquella en la que no corría el riesgo de que el despertador sonara y las imágenes se desvanecieran lentamente, fue la más difícil.

Un punzante dolor en la sien apareció cuando la señal del cinturón se iluminaba. El Río de la Plata nace frente a mí, pero toda mi energía está concentrada en ese dolor que crece y crece. Y cuando mi cabeza está a punto de estallar, las ruedas entran en contacto con suelo argentino y ese fue el mejor sedante. Más tarde, mientras luchaba para que en la oficina de maletas perdidas tomaran nota de mi dirección, o mientras trataba en vano de ponerme en contacto con la persona que llevaba esperando varias horas tras la puerta de llegadas, no tuve tiempo ni ganas de acordarme de esas punzadas, que poco a poco iban remitiendo. ¿Sería ese mismo dolor el que sentí veintitrés años atrás mientras salía lentamente del vientre de mi madre? ¿Sería esa mi nueva bienvenida al mundo, al mundo del Sur?

          En los instantes siguientes recibí una tormenta de estímulos, de bienvenidas, de nombres propios e impropios, de imágenes en blanco y negro, de miradas recelosas, de olor a pollo hervido, de besos y sonrisas. Aprendí lo que era un “quilombo” y una “patente”. También tomé mi primer mate. Ante esa tormenta me olvidaba constantemente de que aquella utopía de adolescente había dejado de serlo.

Cuando salió la luna y por fin cerré los ojos me vinieron a la cabeza unos naipes gigantes que se deslizaban sobre un enorme tapete verde. Aquel día se repartieron las cartas para jugar esa partida que duraría todo un año. Una partida que sería una de las más importantes de mi vida.

A la mañana siguiente desperté con el aleteo de un ventilador imprescindible. Mis ojos tardaron varios segundos en enfocar. Mi mente tardó algo más en reconocer aquella habitación de hostal como mi refugio en las próximas semanas. Monté en un viejo autobús que una hora después me dejaba a las puertas del Hogar. Allí trabajaría todo un año, con esos dieciséis chicos, y con sus dieciséis historias. Historias con alma. Historias como esa sombra a la que de pequeño trataba de esquivar en las tardes de verano. Tal vez por esa sombra (que tampoco  pueden esquivar) cierran con llave su confianza. Y sus palabras. Y sus sonrisas.

         Así empezó mi labor de cerrajero. Y lentamente los chicos fueron abriendo sus puertas. Elena me habló de sus noches en la calle. Había vivido demasiado rápido. Los más pequeños de la casa reclaman mi presencia. Una partida al pajarito inglés es su mejor regalo. Antes de acostarse quisieran ponerse al día con los cuentos que nunca les leyeron. También ellos habían vivido rápido, y cuando se vive rápido no hay tiempo para cuentos.

         Buenos Aires me espera, como una gran tarta a la que no sé por dónde dar el primer bocado. Esa ciudad a la que había deseado tanto ir, en la que había paseado con los ojos cerrados y una neblina mágica. Buenos Aires sería parte de mí durante todo un año. Y yo prometí ser parte de ella. Una tarde, en el viejo metro de madera que recorre sus tripas, sellamos en secreto nuestro pacto.

         Llegó la Navidad. El calor no da tregua pero Papá Noel lleva su casaca roja también en el Sur. En Nochebuena no hubo champagne ni salmón ahumado ni caviar. En cambio hubo ensalada de patatas, muchas risas y una felicidad que me hacía sonreír a cada instante. El día de Navidad tampoco apareció el caviar, ni siquiera el salmón ahumado; en cambio tuvimos juegos en el parque, un sol radiante y una piscina azul. ¡Qué pena de piscina! Por entonces mi maleta seguía visitando aeropuertos con mi bañador adentro.

La vida pasa lentamente en Argentina, a ritmo de ese viejo bus que cada tarde me deja en el hogar. Concentro mis esfuerzos en apoyar a los chicos a que recuperen las asignaturas que suspendieron. Siempre hay tiempo para jugar – y perder – una partida al futbolín. Y para merendar pan untado con dulce de leche mientras hablamos y hablamos. Ya es de noche cuando salgo del hogar para regresar al hostal. Está oscuro y los chicos me dicen que tenga cuidado. Ha sido un día agotador y tengo ganas de llegar a mi habitación y darme una ducha. Cuando abro la puerta todo está patas arriba. En realidad, todo menos el ordenador portátil. Voy rápido a la maleta. No, no está. Se esfumó también el dinero de dos meses… Me siento impotente. Salgo al balcón a respirar. Al día siguiente visité una comisaría anclada en los primeros años del siglo pasado. Por lo menos, esa mañana apareció mi maleta. Menos mal que la ilusión la llevaba conmigo y no alcanzaron a robármela…

         Me encanta ese momento. El sol se debilita por segundos. Un vecino toca el bandoneón en la puerta de su casa. Le sonrío. Me sonríe. Llego a las puertas del colegio. Del letrero que indicaba su nombre solo quedan un par de letras. Hay un papel en la puerta. “Rogamos a los padres que traigan lejía y otros artículos de limpieza para desinfectar el Centro. La Dirección”. Los chicos salen de clase como si se tratara de una procesión, con la maestra en cabeza. Juan sale el último. Me saluda. –Estos dibujos son para vos, los pinté en el recreo.

         Pronto encontré un pequeño apartamento. Y mi lugar en ese mundo sureño. El calendario cada vez tiene más prisa, devorando los días. Ese sería mi peor enemigo. En mis manos estaba disfrutar cada instante.

         Buenos Aires me mata. Me matan sus librerías de viejo, su metro de madera, sus cafés con olor a tango. La luna vigila sus largas avenidas y los coches transitan por ellas como manadas hambrientas. Un grupo de jazz toca en la calle. Entro a un viejo teatro. Tal vez no hubiera sido necesario. Sin duda es mejor el guión de mi propia vida.

         El teléfono interrumpe la reunión semanal de equipo. Agradezco el descanso porque ya llevamos varias horas debatiendo. Compartimos el mate y nuestras opiniones sobre la casa. “Tendríamos que comprar más verdura” o “Les tenemos que pedir un esfuerzo en la escuela” –Elías necesitaría una actividad. -¿Qué les parece un deporte? –Yo me encargo. Días después nos presentamos juntos al primer día de entrenamiento. El resto de chicos del equipo de rugby tenían zapatillas de marca y sus papás les acompañaban en coches de alta gama. Elías no tenía nada que ver con sus nuevos compañeros pero algo me decía que en aquellos momentos era más feliz que todos ellos. Yo le miraba sentado en la hierba. No es capaz de controlar el balón pero el entrenador le dice que siga así. Sonríe, orgulloso. Me busca entre los padres y levanta la mano. Yo también sonrío, sí, yo también estoy orgulloso. Cierro los ojos y deseo con todas mis fuerzas que ese momento no se acabe nunca.

         – A las diez y cuarto en la estación. –Allí estaré. El rostro de Leandro se adivinaba al otro lado del cristal. Al bajar de aquel bus sus ojos se iluminan cuando me reconoce entre la muchedumbre. Esta vez sería yo su anfitrión. Iba a ser su día y quería que todo saliera perfecto. Cociné tortilla española, ese manjar que me hacía volver a mi tierra, aunque para ellos solo fuera “la cosa española con huevo y patatas”. Jugamos a las cartas y aprendió algunos acordes de guitarra. Comimos helado y nos dejamos caer por una vieja feria de atracciones oxidadas. Le acompañé a la estación para que regresara al Hogar. Se sentó en el mismo lugar. Yo le miraba desde el andén. Llevó su dedo al vidrio y escribió “Gracias”.

         Mi escuela particular fueron todos esos corazones que me encontré en el camino. Todas las conversaciones alrededor de un fuego. Todos los lugares que conocí en este tiempo. Pasé frío en las profundidades de la Patagonia. Masqué hojas de coca en las llanuras andinas. Viajé en abarrotados trenes junto a señoras que vestían sus trajes bolivianos. Me volví loco al ver las Cataratas del Iguazú. Disfruté de los atardeceres uruguayos. Ascendí con mis propios pies hasta lo más alto del Macchu Picchu. Pero sobre todo, fui feliz.

         Es domingo, una tarde gris. Gris como los rostros de esos cuatro hermanos que de vez en cuando pasan por el Hogar pidiendo algo con lo que matar el hambre. Ellos no tienen la suerte de vivir allí.  Nos esperan en la puerta, mirando la mercancía que cargamos en las manos. – Aquí tienen chicos. -Le agradecemos mucho, señor. Y los cuatro pibes desaparecen al doblar la esquina. Al cabo de unos minutos el timbre vuelve a sonar. Desde la distancia veo como se sortean quien tomará la palabra. Pierde la pequeña. Su voz tiembla al pedir algo caliente. Los chicos del hogar comen tortas fritas para la merienda. Al volver a la cocina en busca de las tortas me invaden las preguntas, mientras nuestros chicos toman café con leche y miran televisión. ¿Por qué estos sí y aquellos no? Las tortas fritas desaparecen en instantes. Otra de las hermanas susurra que llevan dos días sin comer. Los cuatro van descalzos. -¿No tienen zapatillas?-. El mayor saca unas de una bolsa. Están rotas, muy rotas. Estallan en carcajadas. Nosotros también reímos. Desbordan inocencia y felicidad. No veía unos niños tan felices hacía mucho tiempo. ¿Cómo se llaman, chicos? Alexis, Melina, Araceli, Princesa. Juegan entre ellos. ¿Van a la escuela? Sí, sí, sí, yo no. ¿Por qué no vas a la escuela, Araceli? Porque no tengo un cuaderno. Terminan las risas. Se está haciendo tarde. Gracias. Esperen. ¿Vos querés ir a la escuela? Sí. ¿De verdad? Sí. ¿No te vas a comprar otra cosa con estos dos pesos? Alexis me promete que su hermana se comprará el cuaderno. La cara de Araceli es otra. La nuestra también. Gracias, gracias, gracias. Nos saludan desde la esquina con la mano. Y al entrar al hogar me da por llorar… Una semana después, el timbre sonó de nuevo. Era Alexis. – Señor, tengo algo que decirle. Araceli se ha sacado un ocho en la escuela.

         Desde ese aeropuerto, a punto de embarcar, rescaté de mi memoria aquella tarde gris. Y un nudo se me puso en la garganta. Sería muy duro desprenderme de esa vida que un día dejó de ser un sueño. Cada abrazo de la noche anterior había sido doloroso aunque me prometí no dejar de sonreír. Para viajar me habría bastado con una tarjeta de crédito. Pero no, yo no quería eso. Yo no quería viajar, sino ser parte de algo. Hoy solo me quedan estas líneas y el recuerdo, el recuerdo de un voluntario feliz.

by Julián Arranz Sanz, Spain


Diario di Bahia

intro – Bene. Dovevo andare in Madagascar, ma sono andato in Brasile. Meglio così.

Miracolosamente sono riuscito a tenere un diario, ad annotare qualche impressione nei ritagli di tempo. O a ritagliarmi un po’ di tempo per pensare qualche impressione. Per chi vuole farsi un’idea, qui di seguito c’è qualche riga di quelle scritte a biro che restano nel diario do brasil.

Si poteva scriverle meglio, o riscriverle… ma ho lasciato le parole così come le avevo scritte là sulla terra del Brasile, tra un bicchier di succo e quattro chiacchiere.

Grande semplicità e considerazioni reali.

29.07.10 – Dopo l’aggressione in spiaggia a Salvador… ci rifacciamo con la colazione a base di cous cous di miglio, papaya e banana… già indimenticabile. Abbiamo visto le multinazionali a Feira de Santana, due megastabilimenti Nestlé. La Chiesa di Ipirà ha i neon blu, come in Calabria.

C’è molta più terra che da noi, ma la gente lotta per la proprietà della terra. Contraddizioni. Il salario minimo è aumentato… ma chi lo riceve?

01.08.10 – Oggi è domenica. Giornata libera prima di cominciare col progetto, siamo andati a fare il bagno nel Paraguassu (il fiume che passa qui)… senza parole. Ci è anche capitato di assistere a un batisado evangelico. L’idea era di andare a piedi, ma andando in là ci carica un tram, e al ritorno uno pseudo pick-up fiat (nel cassone insieme ad altri 20 fino a casa). 

02.08.10 – A zona rural produz e a fome vai embora. (La campagna produce e la fame se ne va!) – Prima ti valorizzo, tu produci e la fame se ne va, è merito tuo. Da noi sarebbe: io sono il politico tal dei tali e ti do la soluzione, a questo tuo problema.

Abbiamo cominciato col progetto PASSO A PASSO, ci telefona Marta alle 6.40 per darci la sveglia, si lavora dalle 7.50 alle 16.30. Lezione al mattino, attività al pomeriggio (oggi toccava alla pallavolo e al laboratorio di carta riciclata). Il progetto ora si regge senza l’aiuto dei missionari, sostenuto dalla prefettura locale.

La salsina di pimenta a cena… è stellare! Poi una birretta brasiliana, leggerina e servita rigorosamente ghiacciata (che se no, non sta bene). Io sono nato in settembre, mi dicono che è il mese di Cosmo e Damiao, grande festa nel culto del candomblé, e che tengo una personalità forte. Il prefetto, un po’ sul brillo, ci viene a salutare (lui è un bianco) e dice che siamo i suoi amici italiani… evocando la telenovela PASSIONE.

03.08.10 – Secondo giorno nel progetto, facciamo un’scita coi bimbi nel bairo alto. Piove, ma per la gente è come se non piovesse, sono goccioline fini molto gustose. Il capofila guida gli altri a ritmo di tamburo, nella scuola ci sono i cartelloni con le scritte di Leonardo Boff. Scenetta, poi torniamo al progetto. Un po’ di calcio sulla pista, rigorosamente scalzi (infatti mi sono massacrato un piede) e con palla un po’ sgonfia. Si gira in havaianas e maglietta.

Maglietta che non deve essere fighissima, ma semplicemente maglietta, la sensazione di non doversene curare è evidente. Abbiamo cominciato a catalogare i libri del progetto, sono circa 600 volumi tra favole, racconti, poesie, leggende e altro.

Intorno ci sono gli orti con un sistema di irrigazione (che qui non usa praticamente nessuno), la terra è buona… crescono verdure dai colori fantascientifici. Ci lavorano alcune famiglie: metà va al progetto per preparare i pranzi e metà a chi ci ha lavorato (che può anche venderlo).

La prossima settimana ci vogliono incastrare in un festival della pizza e coinvolgere tutto il paese. Alcuni momenti sono da cartellone Unicef per i bambini poveri, ma la sensazione è quella di una comunità rivolta al futuro, si lavora per un domani. Le prospettive non ci sono, si lavora per crearle.

A cena siamo ospiti, tutti in cucina, il tavolo è piccolo e le sedie poche, nessun problema… riusciamo comodamente a cenare tutti (noi non avremmo invitato nessuno, o solo pochi intimi con la tavola in ordine). Mangiamo il piatto tipico della festa, a base di salsiccia e banana verde: il godò… buono!!

04.08.10 – Ho appena bevuto un bicchiere di coca, qui in casa. Qui i bicchieri sembrano vasi di marmellata. Il progetto acquisisce pian piano una dimesione quotidiana di lavoro, i bambini ci chiamano “tio” (zio). Non c’è un educatore a sorvegliare ogni 10/15 bambini… incredibile eh?! E i bimbi sopravvivono benissimo, nonostante tutti i nostri genitori apprensivi. Secondo il nostro modo di vedere, i bambini devono essere messi in condizione di non potersi fare male, di non incontrare pericoli (mettiamo anche la gomma agli spigoli dei mobili di casa)… il che è finto, nella vita poi non sarà così. Qui è diverso, e i bambini sono più scantati, giocano da soli e se uno si fa male o litiga, un terzo va a chiamare l’educatore che allora interviene.

Scena: un gruppo sta facendo il tiro alla fune, casino. Una bimba dice “fila”… pronto! Tutti in fila, si danno un numero, quando uno sbaglia va sotto un altro, si autoregolano e si mettono d’accordo. Senza bisogno di un educatore/animatore che proponga un’attività e spieghi le regole e sorvegli il gioco, ecc… Prodigioso? Bè, ci sono sicuramente aspetti di poca cura dei bambini (anche perché se hai 11 figli, vedrai che sei meno oppressivo)… ma si tratta anche di riconoscere che non c’è sempre bisogno di controllare, sapere e sorvegliare, che sono capaci da soli. Dopo di che, libertà e liberazione sono idee che si innestano su tutto un vissuto coerente.

Ci dicono che i bimbi spesso ci sono addosso, perché loro vorrebbero essere bianchi. Boa noite.

05.08.10 – Gli italiani mangiano poco, mi dice la cuoca del progetto… “non vorrai mica diventar magrolino magrolino??”. La Giuly si è fatta il piercing, un’amica, a mano, ghiaccio, ago e via! Al pomeriggio escursione scalando rocce (in havaianas come sempre – che si rivelano meglio degli scarponi Ferrino), per arrivare a toccare la scritta Andaraì tra i monti (che mi aspettavo gigante e invece nao é gigante nao). Scendendo ci sono delle pozze di acqua rossa, e in estasi naturalistica mi tuffo.

La chiacchierata ha avuto per tema le ragioni e le conseguenze dei problemi legati alla sessualità e all’affettività per come è vissuta qui, Taijara ci ha raccontato la sua visione. Gravidanze a 13-14 anni, incesto, disgregazione famigliare. Il paradosso è che nessuno pensa siano cose normali… ma ormai sono così comuni, che nessuno fa niente.

06.08.10 – In casa non c’è acqua. Niente doccia? Amuchina gel? Vedremo…

Oggi si festeggiano i compleanni degli ultimi tre mesi al progetto, regali palloncini e torta. Torta non è torta, è “bolo”, cioè un rito. Si tratta di 4 o 6 o più torte, affiancate e impilate, con uno strato di marmellata tra i vari piani. Torte dolcissime, ricoperte di glassa bianca alta 2 dita, poi decorate con panna azzurra. Pittoresco e impressionante da vedere.

In serata andiamo a farci una birretta, chiedo ad un’amica quali sono le cose che ha fatto più fatica a capire di noi, quando è venuta in Italia: prima cosa, perché la gente lavori così tanto (lei lavora 8 ore al giorno, ma il modo è diverso), il nostro essere schiavi dell’efficientismo. Seconda cosa la chiusura delle persone, per andare da qualcuno devi farti invitare e fissare ora e data, qua vai e bussi alla porta (non c’è neanche il campanello, e internet e sms li usano anche loro).

07.08.10 – Ci portano a vedere le stelle… emisfero sud, cielo diverso come dice Lollo… parecchio diverso! La festa (che resterà per sempre nella mente di Michi) funziona così: l’ingresso è 4 R$ (un po’ meno di 2 €), per entrare devi scegliere se metterti il braccialetto verde/giallo/rosso (verde sei libero, giallo così così, rosso sei fidanzato)… e poi via di musica brasileira! E qui salta fuori un altro successo… REBOLATION…

08.08.10 – Stiamo caricando la cisterna. Siamo andati a Marimbus, che tradotto significa che il ritrovo è alle 9.00, ma in realtà la gente comincia ad arrivare alle 9.00… alle 10.30 ci siamo tutti e partiamo. 2 in moto e 10 nel cassone di un fiorino che non si apriva più, quindi siamo passati su un pick-up. Siamo passati attraverso i campi (una parte = km di strada nella foresta) del fazendeiro per arrivare al fiume, lì prendiamo le barche e cominciamo a remare tra le ninfee.

11.08.10 – Siamo andati con gli altri per monti e per cascate… tuffi e acqua rossa con tinte di nero (e con noi c’era anche Ace Ventura). Michi e Ste sono arrivati da Utinga con Enzo, sono in forma. Mancano solo Lollo e Giò. Al pomeriggio facciamo un giro in paese, e girando in gruppo siamo “gli italiani”… non più i 2-3 nuovi abitanti che lavorano al progetto. Ritrovarsi insieme è bello, ma si perde un po’ il senso di integrazione coi brasiliani. Le donzelle da Taijara a farsi smaltare le unghie e chiacchierare, il gusto nei loro occhi nel fare ciò… è un mistero.

Il gruppo… chi è più adulto tende, in buona fede, a voler dire come le cose vadano fatte. Siamo così, non abbiamo l’idea che ognuno possa trovare il suo modo… vogliamo sempre dire qual’è il modo giusto, e spesso pensiamo che il nostro modo sia quello buono per tutti. Siamo impostati così (ci hanno trasmesso un sapere razionale e infallibile, le nostre certezze sono solide). E forse siamo impostati male. Poi ci ripenso…

13.08.10 – Giò e Lollo pare si siano beccati un virus, così ha detto il medico del punto di salute… che è verde. Come verde è il CRAS (centro ricreativo), verdi sono le mura del progetto, delle scuole e di ogni edificio pubblico. Di più, anche la divisa di tutti quelli che hanno un impiego pubblico (finanziato dalla prefettura) è verde. E’ il prefetto che ricorda che tutto quello che è verde gli appartiene, l’ha fatto lui, tu con la polo verde sei di mia proprietà… ricordatene quando vai a votare.

17.08.10 – Adesso ultime chiacchiere che alle 2 se ne vanno tutti. Domani riprendiamo la vita brasiliana locale… per un certo verso ne sono contento. I giorni in giro tutti insieme… fa gruppo, vita comunitaria… ma facevamo un po’ conquistadores. Basta immaginare la scena di 10 persone che camminano l’una accanto all’altra al centro della strada… è diverso che passeggiare in 2 o 3 e fermarsi con chi si incontra.

 18.08.10 – Stasera mentre eravamo in piazza è arrivata la mia vecchia amica della casa di fronte (così si definisce lei) e mi ha regalato il CD della band musicale di suo genero… un sound bahiano un po’ mieloso, che in questo momento si diffonde per la casa.

Sempre lei, con fare un po’ voodoo, mi ha detto che “chi beve l’acqua di qui, qui deve tornare”.

Al progetto, ridendo e scherzando, ci han chiesto di pensare ad un’eventuale collaborazione per un progetto con gli adolescenti… lingue e informatica. Vedremo…

19.08.10 – Ho lavato un po’ di roba. La Sara dormicchia. La Giulia intreccia braccialetti tricolori (verde, bianco, rosso) da regalare agli amici di qui, souvenir italico. Le chiacchiere di ieri sera con Dacimar e la vecchia amica hanno avuto per tema i massimi sistemi, Dio, la Chiesa, la tutela della terra, l’ecologismo, il prossimo, la razza negra. Alcuni ragazzi dicono che se sei bianco a scuola non ti dicono niente, se fai la stessa asinata ma sei scuro… ti sospendono. I bianchi sono pochi, la preside lo è… e sicuramente se sei bianco, i tuoi sono amici suoi.

Oggi al progetto abbiamo preparato la festa della lettura che si farà domani. Si lavora con calma. Noi se dobbiamo fare 3 cose, le facciamo… poi facciamo una pausa (prima il dovere poi il piacere ti dice la mamma fino a sfinirti). Loro no, lavorando conversano, si prendono il tempo di un caffé e un succo, di salutare chi passa. Magari in due ore fanno quello che noi faremmo in una… dopo noi avremmo un’ora da riempire con altro (non è che ci aumenti il tempo libero per vivere meglio). Resta da vedere se il fare sempre di più, accumulare esperienze e attività… sia un valore così insindacabile. In fondo perché?

Coi tuoi colleghi hai un “rapporto-di-lavoro”… noi ci siamo scordati del “rapporto” e ci è rimasto solo il “lavoro”… forse dovremmo riscoprire i succhi di frutta.

22.08.10 – Ieri sera ci hanno fatto assaggiare l’acarajé, una poltiglia con un po’ di tutto e una pasta fatta coi fagioli bianchi… buono! Non esiste nessun sapore italiano che assomigli… è impossibile dare l’idea del gusto. Ad ogni saluto ci chiedono se torniamo, quando torniamo.

Ci stiamo scambiando mail e orkut (che qui facebook non lo usa nessuno).

Le relazioni le vivono in modo strano, ha del paradosso se vogliamo… sanno stranamente aspettare, sono capaci di dire “ti aspetto, ci vediamo tra due anni”… con l’espressione del volto che avrei io dicendo “buon viaggio, ci rivediamo tra due mesi”. Paradossalmente l’incertezza del futuro si fa certezza di una presenza che può attendere, non c’è nessun motivo per non farlo. Noi diremmo “eh… tra due anni… chissà dove sarò e cosa starò facendo… non ci vedremo più…”.

Magari hai un figlio a S. Paolo, un altro a Salvador, 3 qui, uno là. Sanno bene che anche a distanza le relazioni restano tali, e si portano avanti. Noi siamo un po’ meglio sul qui ed ora… ma sul saper aspettare, attendere, ricordare, fare memoria… siamo decisamente messi peggio.

Forse ci manca l’idea di saudade. Loro rievocano sempre “saudade di qualcuno/qualcosa”, noi tendiamo a dimenticare alla svelta per andare più leggeri verso il nuovo. Col rischio di accumulare e non tener stretto nulla.

23.08.10 – Siamo arrivati da dove siamo partiti, a Salvador. Attraversando il crogiolo di questa immensa, sguasta e affascinante capitale di gente ce n’è per tutti i gusti, e c’è la casa di Jorge Amado: è azzurra. Poi c’è la chiesa dei nobili tutta ricoperta d’oro… ma noi andiamo alla messa degli schiavi: partecipatissima e vivissima celebrazione.

25.08.10 – Siamo andati al mercato modelo per un po’ di compere, poi pranzo alla comida al kilo: intelligentissimo sistema che funziona al posto delle nostre mense/self-service, tu riempi il piatto, c’è un prezzo al kg, pesi il piatto, paghi quello che mangi, stop.

Pomeriggio alla chiesa di Bonfim… luogo dei famosi braccialetti dalla pedagogia interessante: non basta il solo desiderio, devi accompagnarlo da una promessa/un impegno… se la rispetterai, il desiderio si realizzerà quando il braccialetto si rompe.

Maglietta OLODUM comprata… ovviamente! Curioso che M. Jackson ci abbia girato un video insieme (They don’t care about us), loro lottano per i diritti della razza negra… lui non ha fatto altro che cercare di diventare bianco :-D

27.08.10 – Siamo stati in un villaggio playmobil, l’isola che non c’è, la terra delle fate. Si tratta di una zona turistica a un’oretta da Salvador… con villaggio da rivista Alpitour, spiagge bianche e palme spioventi. Lettini tranquilli e piscina, anfore in giardino, doccia in spiaggia… un mondo popolato esclusivamente da bianchi, con i brasiliani a fare le guardie al perimetro. Sembra finto.

Ma l’oceano che si insinua tra le dune a formare un fiume poco più in là… è vero. Uno scorcio di paradiso da film, mancava solo Morgan Freeman vestito di bianco.

28.08.10 – Salvador, ci sto volando sopra. Si riparte per l’Italia, via Lisbona. Stamattina abbiamo salutato tutti con un calcetto in spiaggia a ritmo di samba ;-) .

by Davide Orlandini, Italy


Non esistono che macerie

I rom sono avezzi alla rassegnazione, da secoli.

Nelle conversazioni con tanti e diversi tipi di rom avute negli ultimi mesi ricorre questa loro rassegnazione velata di lamento, che colpisce così come la loro resistenza passiva al cambiamento.

Me ne parla Vasile, sorridendo, mi parla anche di un po’ di storia, a modo suo.

Mi dice di come sotto Ceausescu gli ungheresi perdettero l’uso della loro lingua e i rom la loro maggiore caratteristica: il nomadismo, caratteristiche incompatibile con il senso di unità nazionale che Ceausescu voleva.

E fu così che il dittatore decise di confinare i rom in quartieri ghetto ai margini delle principali città rumene, estirparli dai loro lavori tradizionali inserendoli nelle cooperative di lavoro forzate ed impedire qualsiasi riferimento alla etnia cui essi appartenevano.

Soffrivano i rom, avevano case, ma non avevano acqua, luce o gas, non avevano più neppure loro stessi.

Stavano diventando solo romeni e non rom romeni come Ceausescu voleva?

No, o almeno i romeni non la pensavano così.

I romeni probabilmente vedevano nelle proprietà non volute dei rom di allora una possibilità per potersi ricollocare, ammodernare, abbandonare i block più decadenti e ripartire proprio da lì, dalla periferia.

I rom vennero allora sistematicamente cacciati dalle città, spesso con la violenza e indifesi si rifugiarono nelle campagne e come è nella loro natura aspettarono tempi migliori per ritornare, chissà magari con la democrazia.

Il punto è che i tempi migliori non vennero, non sono venuti e probabilmente non verranno mai.

La democrazia mi chiede Vasile, cos’è la democrazia? E sorride, mi indica i dintorni di questo quartiere.

E’ furbo Vasile, lo so.

Mi guarda strano e io capisco che per lui questa è una conversazione ridicola.

E allora taccio, penso a cosa fosse la democrazia dei diritti.

Una matrioska russa forse.

La apri e ve ne è un’altra dentro e un’altra ancora e ancora, così all’infinito, senza mai risposta.

Così è in romania oggi, perché la Romania e la sua burocrazia non è mai chiara, in niente.

Conversare con chiunque diventa un rimbalzo senza fine, un se, un ma, un forse e il più delle volte non si capisce nemmeno con chi dovresti parlare, sono capaci di rimbalzarti di persona in persona per tre volte e ti vien quasi da ridere perché quelle stesse tre persone sono tutte nella medesima stanza di 2 metri quadrati.

Ma il diritto ad una vita dignitosa è un diritto, non è una matrioska e non è nemmeno una conversazione di se e ma.

E’ un diritto.

L’abbiamo dimenticato solo perché se non c’è non c’è, non è sanzionato, nessuna legge impone il godimento di tale diritto.

Lo fosse ce lo ricorderemmo più facilmente.

Se lo ricorderebbe la Romania, che magari applicherebbe, e farebbe applicare ai suoi dipendenti, i bei trattati sui diritti umani accuratamente ratificati che fanno bella mostra nella costituzione e nelle leggi rumene.

Assolutamente fedeli agli originali quei trattati, non una virgola, non un se o un ma in più.

E che dire dei diritti delle minoranze, una prolissa legge ne assicura ogni diritto.

Il diritto allo studio, a non essere discriminati, a parlare, scrivere e coltivare la propria lingua, ad essere aiutati per il conseguimento di una vita dignitosa e via di seguito, legge perfetta.

Carta straccia.

È qui che torna prepotentemente la matrioska, bambolina graziosa in apparenza, terribile averci a che fare.

Immagino nel primo strato la legge, curata nei dettagli, ogni postilla è lì, ogni se e ma di un dipendente comunale che mentre assegna le case comunali ai più poveri pone in ultima fila le domande redatte dai rom.

Poi apri ancora e vedi che la bambolina più piccola è la giustizia, che non esiste.

Non esiste mai giustizia o almeno io non la vedo.

Apri ancora e quella più piccola ancora è la dignità che la democrazia avrebbe dovuto dare a questa minoranza, l’ho cercata in questi mesi da queste parti, ma non l’ho trovata.

E poi ce n’è un’altra e un’altra ancora, ci sono le condizioni deplorevoli dei bambini che vivono più in strada che in casa, e per i pochi cui possiedono un ambiente familiare che possa chiamarsi tale languono a scuola in classi ghetto formalmente abolite nel 2007, ma tuttora rinvenibili in tutto il paese.

Ci sono i maltrattamenti, il disprezzo, il dolore.

Resisto all’impulso di parlare ancora.

Guardo la punta delle scarpe, siamo qui, in questo quartiere di baracche alla periferia di un paese di poche anime e aspettiamo ci invitino ad entrare.

Mi vergono della democrazia dei diritti che non esiste, in cui ostinatamente continuo a credere.

Vasile sorride ancora, un sorriso bello il suo.

Fa freddo.

La persiana rotta sbatte nel vento gelido rumeno, ma la padrona di casa è calorosa e tanto basta.

Non c’è pavimento qui dove siamo ora, sento la terra nuda e mi concentro su di essa, non lo riesco a guardare negli occhi Vasile.

La visita è finita, mi alzo, mi fa ancora cenno di guardare, non esistono che macerie, lo so.

 by Danila Zizi, Italy


Dunkel wie der Tag, hell wie die Nacht

„Magst du Hitler?“, fragt mich der kleine Afghane ganz nebenbei beim Kickerspielen. Er ist vielleicht gerade einen Meter zwanzig groß und zwölf Jahre alt. Mein Mitspieler und Mitarbeiter Jon fängt an zu lachen. So sehr, dass es ihm Schwierigkeiten bereitet, konzentriert weiter zu spielen.

Ali wundert sich währenddessen, weshalb ich so verlegen werde und Jon so lachen muss. „Wieso, was ist los?“, fragt er. Ich sei doch schließlich aus Deutschland, versucht er zu erklären, und viele aus seiner Klasse mögen ihn doch auch. Es ist eine seltsame Situation.

Was ist Norwegen?

Vor fünf Monaten bin ich vom Mittelpunkt Deutschlands an den Mittelpunkt Norwegens gereist. Hier lebe ich in der Kleinstadt Steinkjer.

Es gab eine Zeit, in der ich dachte, ich würde das Land kennen, welches ich schon drei Mal im Urlaub bereist hab. Ich dachte, ich begreife das Gemüt der Norweger, da für ein Jahr ein norwegisches Mädchen in meiner Familie in Deutschland lebte. Ich dachte, ich weiß, wie ein EVS hier läuft, da eine Freundin von mir schon ein Jahr als Freiwillige in Norwegen verbracht hat. Ich dachte, mich erwartet eine seltsame, heile Welt im Norden Europas, geprägt durch den Wohlstand vom Öl und der wunderschönen Landschaft. Doch trotzdem ist alles anders als erwartet.

Langeweile,…

Jetzt sitze ich hier in meinem Jugendzentrum im Foyer und schreibe. Gerade habe ich einen Film für die überwiegend immigrierten Jugendlichen gestartet, damit sie beschäftigt sind. Matrix, „kjedelig“ sagen sie mir. „Langweilig“, das Wort hab ich schnell gelernt, denn es fällt hier oft. Wie kann der Film je langweilig werden, frag ich mich? Es ist Der Film meiner Jugend! Obwohl ich mich mit 23 Jahren noch nicht sehr alt fühle, merke ich, dass ich es hier mit einer anderen, neuen Generation zu tun hab. Die Aufmerksamkeitsspanne ist noch kürzer und die Fantasie anscheinend noch geringer. Viele Sorgen mach ich mir deshalb allerdings nicht. Das alles hat man auch schon uns vorgeworfen.

…Wohlstand und Ambition,…

Ich denke nach. Warum bin ich hier? Ja, ich liebe die Landschaft. Das ist hört sich gut an, deshalb bin ich hier. Wegen der Berge und Fjörde, der eiszeitlich glattgeschliffenen Felsen, der kleinen roten Holzhütten im scheinbaren Nirgendwo, der ruhig grasende Elche, die nur in der Jagdsaison oder von selten vorbeifahrenden Autos aufgeschreckt werden.

Trotzdem bin ich auch wegen des Wohlstandes hier. Wo sonst wird so viel Geld in soziale Projekte gesteckt wie hier. Wo sonst hat ein einfaches Jugend- und Kulturzentrum in einer Kleinstadt Technik wie ein kleines Foto- und Musikstudio? Eine große Bühne mit Lichtanlage und Soundtechnik, um ein Musical oder wahlweise auch ein Rockkonzert für 500 Mann zu veranstalten? Mehrere Foto- und Videokameras? Auch genau deshalb bin ich hier.

…soziales Engagement,…

Vor mir spielen zwei Jugendarbeiterinnen „Activity“. Sie kommen ein Mal die Woche mit zwei behinderten Kindern, um ihnen ein bisschen Abwechslung zu bieten. Dabei wälzen sie sich vor Lachen auf dem Boden als sie versuchen Tiere zu imitieren. Die Behinderten schauen verwundert zu. Zum Glück fangen auch sie schließlich an zu lachen. Einer der vielen schönen Momente hier.

…arktische Kälte und Dunkelheit,…

Draußen ist es kalt. Winter. Man hat mich vorgewarnt, daher bin ich gar nicht so geschockt oder betrübt. Siebzig Zentimeter Schnee sieht man in Deutschland nicht so häufig. Die Norweger scheinen hier mehr Angst vor dem Winter zu haben als ich. Sie jammern schon bei fünf Grad unter null und erzählen im gleichen gefrierenden Atmenzug, dass es die nächsten zwei bis drei Monate zwischen minus 20-30 Grad kalt sein wird. Für mich ist es vielleicht neu, aber für sie ist es leidige Normalität. Schon öfter haben sie das durchgemacht in ihrem Leben und sehen offensichtlich absolut keinen Grund nicht zu klagen. Dass die Sonne schon gegen zwei Uhr nachmittags untergeht, ist hingegen schwieriger zu verkraften.

Kein Wunder also, dass es langweilig ist. Spazieren gehen oder Langlaufski fahren, dass reizt nun wirklich nur die wenigsten Jugendlichen. Filme sehen und Playstation spielen, damit kann man schon eher locken. Eigentlich ein bisschen schade bei den Möglichkeiten, die unser Zentrum zu bieten hat.

…bärtige Wikinger mit von Kautabak gebräunten Zähnen,…

Ich bin sehr froh in Steinkjer zu sein. Ich habe das Gefühl, hier alles zu erleben, was Norwegen ausmacht. Die Landschaft ist schön, aber nicht spektakulär. Die Stadt ist farblos und kann sogar hässlich sein, wenn an manchen Tagen der Gestank der Schweineschlachtanlage durch die Straßen zieht. Doch auch das ist Norwegen.
Ich treffe hier verschlossene, bärtige Wikinger. Harte Männer und schöne, blonde Frauen. Es gibt auch hier genauso dicke und dünne Menschen, große und kleine, Frauen und Männer, wie wohl überall auf der Welt. Jedoch sind hier die Dünnen dünner und die Dicken dicker. Während die Einen sich ständig in der Natur bewegen, egal bei welchem Wetter, haben die Anderen mit der typisch norwegischen Nahrung zu kämpfen: Hotdogs, Tiefkühlpizza, Tacos und Kartoffelchips.

…seltsame Trinkgewohnheiten, große Offenheit und große Unverbindlichkeit…

Wenn ich manchmal abends in einen der zwei Pubs gehe, treffe ich auf die berüchtigten skandinavischen Trinkgewohnheiten: Wer trinkt, trinkt maßlos, obwohl das Glas Bier zehn Euro kostet. Als gäbe es kein Morgen, was im Winter auch zutrifft. Mit etwas Glück werde ich zu einem „Nachspiel“ eingeladen. Der Ausdruck bezeichnet die spontanen Privatfeiern wenn die Pubs um halb drei schließen. Wenn ich dann eine Tasse selbstgebrannten Schnaps in der Hand halte, kann ich mich als einer von Ihnen fühlen. Leider nur bis zum nächsten Morgen, denn trinkende Norweger haben die schlechte Angewohnheit sich am nächsten Tag an nichts mehr zu erinnern.

Auch ich esse Fisch und Kartoffeln und einen ganzen Haufen Tiefkühlpizza. Verkrieche mich im Winter in meinem warmen Zimmer und versuche halbherzig Kontakt zu Norwegern zu knüpfen. Nicht so ganz einfach.

…und Individualismus durch Abgeschiedenheit.

Dem kleinen Jungen vom Kicker konnte ich schließlich eine Antwort geben. Nein, ich mag Hitler nicht! Keine weiteren Erklärungen, keine Zeit – das Spiel schluckte zu viel Aufmerksamkeit.

Es macht mich glücklich ihm eine schöne Zeit zu bieten. Und vor allem bin ich froh, dass mein Jahr in Norwegen mir viel mehr zeigt, als ich vorher schon zu wissen meinte. Denn das ist schließlich der Sinn eines Freiwilligendienstes.

Das ist Norwegen. Meine kleine, sonderbar schöne Welt im Norden Europas.

by Stephan Klingebiel, Germany


Echantillon d’humanité en toute humilité

Volontaire: maillon greffé, rouage d’un mécanisme déjà bien huilé, le volontaire donne de son temps et de sa présence, à la satisfaction de ses envies, au service d’une communauté. Le volontaire y met son grain, se glisse entre les mailles d’un système tissé de toute part, à lui de trouver sa place, à part entière, une valeur ajoutée à fructifier, distincte et originale dans son rôle et dans sa fonction. Une définition évasive qui permet une certaine liberté d’action, ni ancrée dans un formalisme de tâches pré-définies, ni soumise à une autorité hiérarchique. La valeur philosophique du travail en tant que mission (…) reprend tout son sens.

Son manque de description détaillée, de visibilité dans les politiques de jeunesse, empêche une description claire et simple de sa place dans la structure, il peut tout faire à la fois, compléter les activités des autres, en trouver d’autres, il s’essaie à tout, il requête, s’informe, enquête, recueille.

Choisir de donner de son temps, vouloir se consacrer à une cause, quel quelle soit, celle des autres, selon des choix personnels.

Choix : le fait qu’une décision devienne personnelle. Le fait de trouver une décision personnelle à prendre et à tenir

Le choix est une denrée rare en milieu professionnel;

Milieu professionnel : milieu où le choix des décisions revient à l’échelon hiérarchique le plus élevé.

S’impliquer dans un engagement sincère, désintéressé de toute ambition arriviste, de toute récompense financière, le mérite se tient à sa propre valeur humaine, et non au seul critère reconnu aujourd’hui, celui d’un nombre à virgules, incertaines trace d’encre qui peuvent entacher toute une vie, à mesure qu’elle se balance, de gauche à droite, d’un chiffre à l’autre.

Etre volontaire, c’est le rester à vie. Une fois qu’on y a goûté, on ne s’en lasse plus. Nombre d’entre eux veulent le rester, car en tant que volontaire, la marge de manoeuvre est paradoxalement plus large. S’offre au volontaire la possibilité de réaliser ce qu’il aime, de produire des actions qu’il aura choisi en concertation avec une équipe, de s’approprier toutes les étapes de son projet comme émanant de ses propres envies.

La fonction du volontaire, variable et modifiable à volonté, peut donc s’étendre, s’élargir, mué par un nouveau souffle, cet élan comparable à celui de l’enfance, quand, investi d’une force nouvelle, le monde nous appartient, et c’est avec lui qu’on veut agir. Puis les années passent, on n’agit plus, l’action appartient aux plus jeunes, on ne fait que réagir, une opinion sur tout, un tout comme opinion, généralisante pensée qui ralentit, freine, stoppe puis paralyse jusqu’à effacer de toute mémoire, le souvenir même lointain d’un sourire rendu pour un service offert.

Le volontaire européen mué par la liberté de mobilité, géographique et professionnelle, se gorge d’expériences nouvelles, de rencontres enrichissantes, découvre les facettes d’un monde humain, auparavant insoupçonné. Il est attendu, accueilli dans un nouveau cadre, à la fois surprenant et original, qui en devient vite familier. Une place lui est déjà destinée, il pourra alors y jouer un rôle différent de celui auquel il a toujours était cantonné.

Prendre en main sa vie, la chercher, ne cesser de la chercher, à l’angle de la rue, au coin d’un carrefour, à l’entrée d’une nouvelle ville, en sens inverse ou tout azimuts. Prendre en main sa vie ou la rattraper aux pas de course. Du vague à l’âme aux ondes de choc, à chaque instant sa secousse, chaque vie sa suspension.

Sa personnalité en formation se nourrit de découvertes permanentes qu’il vit au quotidien, à différents degrés, de l’exceptionnel aux petits riens ordinaires, il acquiert ce don de curiosité, jouir des moindres plaisirs, rechercher l’inattendu, repenser sa vie, se forger un arsenal d’outils et de facultés, propres à l’épanouissement personnel et l’accomplissement professionnel. Sa grille de lecture du monde est enrichie, ses critères et codes de conduite se complètent d’autres dimensions humaines.

Le temps lui est accordé de repenser sa vie et la place qu’il veut y jouer. D’autres perspectives s’ouvrent notamment celle de la liberté de mouvement qui éveille en lui toute une gamme d’opportunités; à peine arrivé, il recherche déjà les moyens de réitérer ce genre d’expérience, de partir une nouvelle fois pour vivre à nouveau ce qu’il n’est pas prêt d’oublier.

“Je me souviens de ce bâtiment derrière le jardin des vestiges, des ruines et du jardin laissé là à l’antique, à l’angle de ce carrefour des plus modernes, laissé là à la volonté des automobilistes de ne pas ralentir pour voir ce jardin resté là à la vue des passants. Puis ce centre d’art, bordé par un café, j’aurai voulu y entrer, j’aurai du répéter ces journées”.

Il nous faut de la volonté, des raisons pour y repenser, un rien pour s’en souvenir. Vivre dans le passé multiple, passer d’une époque à une autre, il y a quelque chose de rassurant, paisible, le passé n’est plus, plus rien ne peut s’y passer. Des anecdotes consolantes, d’autres encore présentes, tiens je m’y revois encore, ce jour dernier qui aurait pu être la veille au soir.

Etre volontaire, c’est se nourrir de souvenirs, de moments partagés encore longtemps après, c’est combattre l’ennui et la solitude, c’est redonner corps et raison aux relations humaines, à la rencontre d’un instant, qui par son caractère interculturel, s’enrichit d’anecdotes croustillantes, de points de vue et de perceptions diverses, sur le monde et les hommes.

La recherche de l’autre, la connaissance de l’autre s’établit de façon naturelle. Un peu réservées au début, les conversations prennent des formes débridées par la suite, s’approprient tous les sujets sans autre volonté que celle de découvrir.

Les grilles de lecture qui définissent l’individu sont variables d’une culture à l’autre, d’un pays à l’autre. L’autre nous apparaît alors selon nos propres critères, notre bagage culturel et sociétal. On ne juge qu’à travers ce qu’on connaît. Il en advient quelques petits malentendus, incompréhensions dus à la méconnaisse de l’autre culture et de ses moyens d’expression, comme le langage, verbal et corporel. Cependant ces petits ratés, qui en réalité n’en sont pas s’ils sont nommés et reconnus, viennent enrichir les discussions qui tourneront autour de la langue (un simple mot décrit, décrypté, autopsié sous toutes ses formes peut enrichir de longues discussions), autour des pratiques culturelles et bien d’autres thèmes. Les sujets sensibles susceptibles de susciter mécontentement et refus dans notre société seront débattus avec moins de formalisme et de rigidité. La religion ou l’immigration en sont des exemples.

Le fait de ne pas appartenir à une même société changent nos codes et nos rapports, nos jugements de valeurs s’en trouvent ébranlés. Les grandes lignes sont souvent les mêmes, issues en majorité de la religion chrétienne, mais nombreux sont les aspects particuliers à telle ou telle culture. Tout en aspirant au même destin, celui d’être heureux, tout en ayant les mêmes préoccupations sur l’avenir, on perçoit le monde et l’autre différemment. La rencontre interculturelle freine les élans de nationalisme, les idées arrêtées et les jugements hâtifs. Ces différences culturelles sont si nombreuses qu’elles ne peuvent être combattues car faisant partie d’un ensemble, elles en sont sa substance vitale; s’en suit une tolérance de fait dans l’acceptation de l’autre et de sa diversité comme repère de notre propre culture. La fierté de notre culture, loin de toute acception nationaliste, peut alors s’afficher dans toute sa splendeur.

Les préjugés et stéréotypes dont nous sommes tous nourris reflètent un rapport à la différence dénaturé, qui se réduit à une image négative et souvent burlesque de l’autre,  perçu, aux premiers abords, comme habitant d’un pays, puis comme membre d’une culture et enfin, si le temps et le hasard nous le permet, comme personne singulière.

La différence nous apparaît marginale, nous préférons l’isoler dans des catégories, des dénominations, pour mieux la soumettre, soumission qui n’a d’utilité qu’en sa faculté de rassurer des peurs communes éveillées par la figure de l’étranger.

Nous en avons peur, mais pourquoi? Du souvenir des invasions barbares? qui se traduisent de nos jours par les débarquements massifs d’immigrés dont les images, pris d’assaut par les médias, insufflent crainte et méfiance au sein de la population sans même y apporter une once de compassion et d’empathie. Nous avons grandi dans la conviction que notre espace doit être défendu, qu’il n’y a pas de place ni de ressources pour tous, Que seuls les plus méritants ont le droit au bonheur. Selon quels critères?

Dans la rencontre interculturelle, tous ces critères, auxquels on se conformait sans distance critique, sont remis en question. D’autres viennent les compléter, les contredire. Toutes ses différences empêchent la proclamation d’un ordre supérieur, d’opinions-vérité, de savoir-faire et savoir-être dominants.

Il n’y a plus de culture dominante, une et unique. Le paradigme actuel réside dans la diversité culturelle qui fait partie de chacun de nous.

Etre volontaire, c’est être prêt à briser toutes ces certitudes, connaître des états troublés qu’amènent les réflexions et prises de conscience vécues lors de telle expérience, c’est accepter de se former à nouveau, c’est oublier tous ces acquis et connaissances qui faisaient la force de sa personnalité, pour en devenir vulnérable, instable mais bien plus ouvert à d’autres vérités. On accepte de s’affaiblir un peu pour construire des fondations plus solides et pérennes.

Etre volontaire, c’est de ne jamais finir de penser, de repenser, ses choix, ses actes, les épreuves de la vie. On balance le tout, le pèse et le sous-pèse, on envisage; des idées longtemps enfouies redeviennent de l’ordre du possible. Des idées nouvelles, des envies anciennes, le tout dans un autre cadre, à choisir.

Etre volontaire, c’est ne plus être seul, dans ses choix atypiques, dans son cheminement qu’on pense hors catégorie, les chemins de vie sont si vastes, à la portée de tous ceux capables de prendre la décision de changer, partir, grandir.

by Céline Hergott, France


Die deutsche Gesellschaft ist am Ende Zurückkommen und sein Land mit anderen Augen sehen

Alles begann als ich aus meinem Freiwilligendienst in Kolumbien wieder zurück nach Deutschland kam.

Ich wurde eigentlich immer für eine typische Deutsche angesehen, nicht nur vom Aussehen, sondern auch charakterlich – was das heißen mag, darüber bin ich mir selbst nicht im Klaren. Als ich aber zurückkam nach einem Jahr sozialer Arbeit in Kolumbien, konnte ich das Deutschland, was ich immer so gelobt hatte, auf einmal nicht mehr ertragen. Noch schlimmer, es machte mich richtig depressiv, weil ich mich ständig unter Druck gesetzt fühlte ohne überhaupt zu wissen von wem eigentlich.

Mit der Zeit merkte ich, dass ich nicht die einzige bin, die diesen Druck fühlt. Auch in der Universität schilderten viele Studenten, dass sie einem totalen Stress und „Workload“ ausgeliefert seien, obwohl sie einer Studie nach im Durchschnitt weniger als 26 Stunden in der Woche für das Studium arbeiten. Wenn ich meine Woche und die meiner Freunde so betrachte, dann scheinen mir die 26 Stunden auch durchaus realistisch. Warum fühlen wir uns so gestresst und unter Druck gesetzt, obwohl wir eigentlich doch Zeit haben und unser Lebensunterhalt gesichert ist?

In Kolumbien hatte ich so eine Art von Stress nicht, ich hatte immer ein Lächeln auf den Lippen und nahm die Dinge leicht. In mir entwickelte sich eine Art Grundvertrauen in das Leben, eine materielle Bescheidenheit, eine große Lebenszufriedenheit und ich fing an mich über jeden Windhauch zu freuen.  Diese Lebenseinstellung, die ich mir von meinen kolumbianischen Freunden abgeguckt hatte, wollte ich unbedingt in Deutschland beibehalten, denn es lebte sich wunderbar auf diese Weise. Als ich, zurück in meiner Heimat, merkte, dass ich immer wieder an der Umsetzung meiner Vorsätze scheiterte bzw. scheitere, habe ich angefangen mir intensiv darüber Gedanken zu machen, warum das so ist.

In einer Phase der Grübelei und Reflexion- vielleicht auch der Identitätsfindung- puzzelte ich mir ein Bild zu recht über unsere Gesellschaft und Kultur:

„Stillstand ist Rückschritt“, Gewinnmaximierung, „Mein Haus, meine Frau, mein Auto“, „Wir müssen produktiver werden!“,Schweizerbankkonten, „Du musst zu den Besten gehören, sonst bekommst du keine Jobs!“, „Guck bloß, dass du nicht zu kurz kommst.“ …

Das sind Sätze und Schlagworte, die uns regieren. Unsere Gesellschaft ist „Haben-orientiert“ und will immer noch mehr, denn „Stillstand ist Rückschritt“. Nicht nur unsere Wirtschaft ist kapitalistisch, sondern unsere Kultur ist es auch geworden, unter dem damit verbundenen Druck leiden die meisten. Es geht in so vielen Bereichen des Lebens nur noch um besser und mehr. Dabei gibt es inzwischen Studien, die besagen,  dass man ab einem gewissen finanziellen Niveau durch mehr Geld nicht mehr an Lebenszufriedenheit hinzugewinnt.

Wenn man aus einem weniger entwickelten Land zurück nach Deutschland kommt, wird einem bewusst, dass wir schon alles haben, was man braucht. Es mag Ausnahmen geben, aber ich behaupte, dass wir auf einem so hohen materiellen Niveau leben, dass es nichts Materielles mehr gibt, was wir wirklich brauchen und durch sparen nicht erreichen könnten. Die „Gewinnmaximiererei“ hat uns also dahin gebracht, wo wir sein wollten, denn unser Hab und Gut befriedigt weit über die  Grundbedürfnisse hinaus. Damit sind wir am Ziel angekommen, mehr gibt es da nicht zu holen, mehr brauchen wir nicht. Wir sind am Ende!

Am Ende zu sein hat meist eine negative Konnotation, wenn es sich jedoch um ein Ende durch das Erreichen eines Zieles handelt, dann ist es doch sehr positiv. Und man darf nicht vergessen, jedes Ende bietet die Möglichkeit eines Neuanfangs.  Jeder Neuanfang mag schwer sein, aber er bietet die Möglichkeit sich neue Ziele zu setzen und dadurch über sich hinauszuwachsen, was ja nach unserer jetzigen Kultur sehr erstrebenswert ist.

Wir wollen uns steigern, brauchen neue Ziele, wie machen wir das? Wir brauchen letztlich eine Kulturrevolution ein gemeinschaftliches Umdenken oder bessergesagt Weiterdenken.

Wenn wir aus alten Zügen weiterentwickeln und von Gewinnmaximierung auf Effizienzsteigerung kommen, dann ist der nächste logische Schritt unsere Definition von Effizienz von dem Faktor Geld auf immaterielle Lebensqualität zu übertragen.

Wenn man sich das Leben eines erfolgreichen Geschäftsmannes anguckt, dann arbeitet er in seinen jungen Jahren viel und hart, scheffelt Geld und merkt, dass das Geld allein, keine Verbesserung seiner Situation mit sich bringt. Ein Bekannter erzählte mir einst, dass er früher durch die Stadt ging, viele Sachen kaufen wollte, aber nicht konnte, weil ihm das Geld dazu fehlte. Danach machte er Karriere und verdiente das Geld. Zu seiner Enttäuschung kann er die Sachen, die er im Schaufenster betrachtete,  aber immer noch nicht kaufen, denn er schafft es leider nur sonntags überhaupt in die Stadt und dann sind die Geschäfte schon zu.

Mit dieser Erkenntnis wird er wahrscheinlich sobald er genügend Geld hat in den Frühruhestand gehen, um den Rest seines Lebens in Ruhe genießen zu können. Wenn wir diese Anekdote jetzt auf unsere neue Idee von Effizienzsteigerung übertragen, dann würde daraus das neue Ideal der 4 Tage Arbeitswoche bzw. der Arbeitswoche ohne Überstunden folgen. Wie schaffen wir es bei gleichem materiellem Wohlstand die Organisation der Produktion und Dienstleistungen so zu verbessern, dass wir weniger arbeiten müssen und mehr Freizeit haben. Dabei ist es auf keinen Fall eine Lösung, die Rohstoffe günstiger aufzutreiben, damit die Entwicklungsländer noch stärker auszubeuten, sondern hier ist der Gesellschaft wirklich eine Herausforderung gestellt: Wie können wir genauso gut und viel produzieren ohne soviel arbeiten zu müssen und –ganz wichtig- ohne anderen Mitmenschen oder der Natur dadurch zu schaden?

Da komme ich auch zu einem weitaus bedeutenderem Punkt. Der Mensch ist von Grund auf kooperativ und im Vergleich zu anderen Primaten sogar altruistisch veranlagt, hat Michael Thomasello, ein renommierter Anthropologe, herausgefunden. Weiter erklärt er, dass dies nicht bedeutet, dass der Mensch sich nicht gegen sich selbst -nämlich andere Menschen- richtet, sondern dass der Mensch innerhalb seiner Gruppe kooperativ ist und gerade dieses Gruppendenken oft zu Leid und Krieg führt.

Wohin führt dies also? Wir müssen logischerweise, um Leid und Krieg gering zu halten, unsere Definition von Gruppe ändern. Wenn wir unsere momentane Gruppenstruktur beschreiben sollten, dann würde ich behaupten, dass wir unsere Gruppen zunächst einmal in Form von Nationalstaaten definieren. Meine Gruppe ist also Deutschland.

Die EU, ist eigentlich schon ein wirklich großartiger Schritt in die richtige Richtung –Bildung einer globalen Kooperationsgruppe- gewesen, denn er führt dazu, dass wir unseren Nationalstaat um 26 Staaten vergrößern. Leider fand die EU wenig Anklang bei der europäischen Bevölkerung und es handelt sich bei Europa bisher ja auch nur um einen westlichen Kontinent mit insgesamt hohen Lebensstandards. Auch die Bewohner der anderen Kontinente sind Menschen und sollten nicht von uns ausgeschlossen werden. Darüberhinaus sind wir alleine nicht überlebensfähig, wir sind auf die Zusammenarbeit aller angewiesen, denn wenn z.B. der Bevölkerungswachstum nicht gemeinsam angegangen wird, dann werden bald Massen an Menschen verhungern und das wird auch unserer Lebensqualität ein Ende setzen. Wie Thomasello herausfand, entwickelten sich die Kooperationsgruppen aus dem Gedanken, der heute einer Solidaritätsgemeinschaft gleich kommt: „Dadurch, dass man anderen hilft, hilft man auch sich selbst.“ Durch die Gruppe gelangt jeder in einen höheren Zustand, als man allein je gelangen könnte.

Wir brauchen also eine Kooperationsgruppe, ein Denken, das die ganze Gattung Mensch und darüberhinaus das für unser Leben notwendige System Erde -dazu gehören Tiere, Pflanzen, Gestein etc.- miteinschließt.

Dieser Schritt, dieses Weiterdenken, wäre geradezu großartig  und revolutionär, er würde die Humanität der Menschheit beweisen. Und damit würde sich die deutsche Gesellschaft dann auch nicht abschaffen, –Grüße an Sarrazin[1]- sondern sie würde sich der Welt öffnen, welche dann gleichsam auch uns offen steht. Die Griechen, die Türken, die Afrikaner, die Russen, die Juden, die Muslime in Deutschland sind damit nicht unser Untergang  sondern unser Ausweg.


[1] Sarrazin ist ein ehemaliger Politiker, der in seinem pseudowissenschaftlichen Buch „Deutschland schafft sich ab“, erschienen 2010, aussagt, dass die Zuwanderung und Migration nach Deutschland zur Abschaffung Deutschlands führt.

by Oda Budny, Germany

 


Sur les traces de Sigmund Freud

Apparemment, l’homme qui pense est celui qui recherche. La curiosité de l’inconnu, nous met dans un état d’anxiété. Se posez des questions. La curiosité nous pousse à le faire afin de sonder les mystères du désir. L’impatience nous donne le courage et l’énergie d’agir.

Printemps 2008. Je cherchais un tournant dans ma vie. Dans ma tête comme un mantra, la phrase résonnant “renoncez à tout, et vous trouverez tout»- cet extrait de philosophie, qui est répété dans les livres les plus importants des grandes religions du monde. Mon esprit et mon cœur étaient ouverts. Je me suis sentie prête.

J’ai trouvé une annonce sur le service volontaire européenne sur internet. J’ai passé un après-midi au café Plan.B, entourée par de jeunes artistes, des gens de talent, qui apportent une impression d’être heureux. Je n’étais pas heureuse. Je ne pouvais pas trouver ma place dans la vie. Je voulais agir, faire quelque chose, aider les autres.

Il y a huit ans, je travaillais avec des personnes handicapées, souffrant de sclérose en plaques. Être bénévole a été la meilleure chose que je fis dans ma vie. Mais quelque chose était coincée en moi, un malaise, qui me dérangeait. Même si beaucoup de chose m’attachais à Varsovie, ce n’étais pas un endroit pour moi. Je connaissais chaque quartier, j’ai travaillé dans de nombreux endroits et je sentais la ville serrant mon cou, ne me permettant pas de respirer. J’ai déménagé tout les mois, avec toutes mes affaires, j’ai vécu avec de nouvelles personnes. J’ai essayé, mais ca n’a pas marché. Je venais d’arrêter mes études. J’étais rebelle et malheureuse.

En face de mon université, il y a l’académie de théâtre. J’allais souvent dans la cafétéria.

Je l’aimais, car il y avait presque toujours quelqu’un en train de jouer du piano, quelqu’un murmurant à lui-même, essayant d’interpréter son rôle. Je voulu aussi y étudier. J’ai essayé d’y entrer, mais il s’est avéré que j’ai une mauvaise élocution et cela a donc été impossible.

En même temps, cela faisait déjà un an que j’organisais mon Slam Be, mais malgré la popularité de l’événement, j’ai senti qu’il était temps de quitter la scène. J’ai commencé à m’interroger sur le sens de tout.

Au final je suis rentré à la maison familiale. Mon père ne pouvait pas me pardonner que j’apporte la honte sur la famille, parce que je ne voulais pas de me conformer aux normes sociales – éducation, travail, domicile.

Avril 2008. Je vie derrière l’armoire – la salle est divisée par les meubles, et un rideau me sert de porte. Mon père a décidé que je ne mérite pas la chambre. J’ai 24 ans. Un après-midi, en trouvant un brin d’énergie, je trouva sur internet une annonce pour un SVE en France. Je suis dans au café où j’organise un slam mensuelle. Je parle avec mon ami qui travaille derrière le bar. “L’étranger, c’est bien d’y aller, mais pour gagner de l’argent. Oublies ça !” Mais je ne pouvais pas l’oublier. Je pensais que c’était peut-être ma chance, c’est quelque chose d’inconnu, où ce qui compte, ce n’est pas le diplôme que j’ai, si j’ai mon propre appartement, ou si les parents m’ont envoyé prendre des leçons de langue étrangère ou pas.

Le bénévolat a été quelque chose d’imprévisible, qui dépendais de moi – oui, j’ai eu le pouvoir entre mes mains, j’ai voulu donner quelques chose aux autres, une femme voulant changer quelques choses dans sa vie, faire pour les autres, tout abandonner, oublié le passé et s’ouvrir à l’inconnu !

J’écrivis une lettre de motivation, je réunissais les documents nécessaires et les envoya. Quelques semaines plus tard, j’étais sur le chemin entre tels et tels café où je vivais quasiment en permanence. (Varsovie est une ville où la majeure partie des révolutions artistiques se passe dans les cafés – Tadeusz Kantor – Café Chłodna25).

J’ai été invité à Olsztyn, pour une entrevue, où l’on m’a demandé si ma chambre, ma vie familiale n’allais  pas manquer. J’ai répondu que  « non », j’en étais sûr car je pensais simplement  au 2m d’espace sur 1m derrière la garde-robe, ce jusqu’à ce que je parte en voyage.

 

La première fois que je suis allé en France, ce fût pour les 3 semaines de préparation avant le bénévolat, en Alsace : Apprentissage de la langue et préparation mentale pour un an de volontariat pour les jeunes hongrois, allemands, polonais. Je ne connaissais pas la langue française, j’ai timidement parlé en anglais. Mais j’aimé le défi.

Lorsque je fût en Alsace, je reçu un appel de l’organisation polonaise qui m’avait envoyé là-bas. Malheureusement, ils n’ont pas obtenu de financement pour mon volontariat près de Grenoble, où j’aurai pu travailler avec de jeunes enfants. Ils me promirent de trouver une alternative.

Le même jour, on m’a proposé un SVE long, de 9 mois en Bretagne. La ville s’appelle Dinan et j’y travaillerai en tant qu’animatrice dans un Foyer de Jeunes Travailleurs.
J’ai dit oui, apparemment, ce fût mon destin, mon esprit s’est ouvert.

Dinan s’est avéré être une petite ville de style médiéval. Elle ressemble à la Lasse Hallström, du film «Le Chocolat ».

Mon boulot été cool – j’ai commençais d’après-midi, j’ai faisais de café au bar social au FJT. Je ne parlais pas la langue, mais j’ai commencé à apprendre plus vite car je rencontrai les gens. Pendant la semaine plusieurs habitants de Dinan viennent là-bas, pour prendre son déjeuner.

Mon appartement a été une surprise – 36m² seulement pour moi ! Avec mon expérience au Pologne, j’ai été contente.

En fait, le volontariat a été un avantage plus pour moi, que pour les autres – j’ai attende un grand mission à faire, mais le volontariat m’aidait plus que moi j’aidais les gens.

Je découvris les différences culturelles –Par exemple, on fait la bise en France pour saluer, et l’on donne une poignée de main en Pologne. Je me suis senti un peu dépassé par cette coutume, mais j’ai dû m’adapter car cela peut sembler impoli de refuser une bise.

La nourriture française était un peu bizarre pour moi, car croissant avec un café pour le petit-déjeuner semblais impossible pour moi (j’avais un habitude de manger le charcuterie, des fromages, tout que pour les français semblait immangeable le matin).

Mais tout n’a pas été si positive. Une pause à midi, entre 12h00 et 14h00, me semblait très absurde. Quand je voulais faire quelque chose en ville, tout était toujours fermé. C’est une question de culture.

Mais l’aventure est essentielle. Je suis venu faire du bénévolat en Octobre et j’ai décidé de rester pour Noël.

Décembre 2008. Avec Phil – le tuteur de mon SVE, je communique en anglais, mon français étant nul. Phil a été comme un parrain pour moi, toujours très ouvert pour parler, demander comment je vais.. Par contre, j’avais mes petits secrets. À la maison, la douche est cassée. J’ai honte de le dire, car je crois l’avoir cassée. Mais comme l’homme doit faire preuve de créativité, et le bénévolat est aussi une école où vous pouvez apprendre à être indépendant, j’ai décidé de faire face seule.

Juste avant Noël, je suis allé dans un magasin, qui s’est avéré être un espace vert, une boutique de jardinage. Utilisant un dictionnaire polonais-français et des mots simples, je réussi à comprendre que le magasin spécialisé dans les salles de bains est très très loin.

Conscient de la gravité de la situation et du fait que nous ne pouvons pas vivre sans une douche quotidienne, j’ai décidé d’acheter un tuyau de jardin de 1,5 m, et du scotch. Heureuse, comme une Mac Gyver, je le colla au robinet du lavabo de la salle de bains, pour remplacer celui de la douche !
Malheureusement, la présente invention tomba rapidement en panne – l’installation, sous la pression de l’eau, a explosé et la salle de bain fût inondée.

J’ai passé Noël a réparé ma douche..

Le travail au cours de mon SVE a consistait à organiser l’animation. J’ai eu la libre-choix, j’ai décidé d’organiser des projections de films et des présentations audio-visuelles, au cours desquelles, je n’ai pas eu beaucoup de discussions (en français). Puis, quand j’ai soutenu mon intérêt pour la mise en œuvre des films, j’ai commencé à vraiment apprendre. J’ai été envoyé pour les échanges de jeunes en Italie (Shots of Dialogue), où des gens de nombreux pays en Europe, ont réalisé des courts métrages sur le dialogue interculturel. J’y ai appris des techniques de cinéma, mais aussi a coopérer avec les autres.

Mon meilleur ami était un ordinateur. Malheureusement, le temps est venu où il s’est rebellé – bloqua sur myspace.com et tomba en panne. J’ai réinstallé le système. Ma famille m’a envoyé des cd par la poste et … des collants (il me semblait que les collants sont chers en France). Ensuite, j’ai fâché avec le tuteur de mon volontariat – Phil – je devais faire une présentation sur la Pologne et je ne pouvais pas – tout les support que j’avais dans le disque dur de mon ordinateur en panne.

J’étais prétentieuse, je pensais que j’étais infaillible, que tout ce que je faisais était excellent et je ne pouvais pas écouter les critiques… Le temps où je vivais seul, les soirées de promenades à Dinan, pour méditer, ont été inestimable.  Pièce par pièce  j’ai analysé mon comportement, et qui je suis. J’ai compris  que, même si je passe beaucoup de temps pour faire quelque chose, il ne sera pas parfait.. Ce fût une expérience forte – ma psychanalyse.

J’ai passé neuf mois à ouvrir mes yeux, me réveiller et apprendre à vivre avec d’autres personnes. A un moment, je voulais tout quitter – parce que c’est le plus facile. Je suis resté et lutté. J’ai décidé de parler à Phil, demander ce que l’on pouvait faire pour améliorer notre relations, il était content de mon travail. Cela a été le point tournant. Pour la première fois, j’ai admis mon erreur.

C’était important, j’ai dû apprendre à vivre, à travailler et à me détendre, avec des gens d’une autre culture. Ici, le mot «travail» est conçu différemment – ce n’est pas une course de rat, comme en Pologne. Tout le monde au temps d’être au calme, le temps de sourire, et pour fumer un clope.

A la fin de mon volontariat, personne ne croyait que j’avais une chance de trouver un emploi à Dinan. Mon français n’était pas la meilleure… Mais, j’ai développé mon anglais ! C’était mon atout – Dinan est une ville touristique, où la majorité des touristes viennent d’Angleterre (la Bretagne est proche de l’Angleterre, mais le temps est plus agréable que là-bas et la vie moins chère).
Lorsque mon volontariat a officiellement pris fin – j’ai commencé à travailler en tant que serveuse dans un restaurant. Lors de l’entretien on m’a proposé un contrat à durée indéterminée – j’ai trouve ça un peu bizarre. Après quelques jours, j’ai découvert pourquoi –les heures incluses dans le planning était une chose mais la réalité était complètement différente. J’ai travaillé beaucoup, sans pourboires, et mon chef était super méchant. J’ai eu l’impression que il était comme ça, car je suis  une étrangère, et que je ne parlais pas bien le français.

Bien que ce fût une décision difficile, J’ai quitté ce poste. J’étais en colère contre moi-même de détruire ma vie, de commencer quelque chose et le lâcher après.

Vers l’heure où je devais normalement servir le dîner dans un restaurant, j’étais à la maison, mon voisin a frappé et m’a invité à un barbecue dans le jardin (mon bâtiment était occupé par des jeunes). Au début je ne voulais pas y aller, mais je ne pouvais pas me fermer aux autres. J’y suis allé!

Le barbecue était une costume-party – j’y ai rencontré des Vikings, des travestis et moi, j’étais en hippie. C’était cool..

Et puis arriva le garçon, qui était tellement cool que, quand un mois plus tard, il m’a demandé de l’épouser, j’ai dit oui sans hésiter. Nous sommes tombés amoureux dès la première fois que l’on s’est vue. Il était français, mais il parlait anglais (oui, bravo, il y a un stéréotype qui veut que les Français ne parlent pas anglais, et c’est vrai!). Il a été intéressé par les films, portait une barbe, moustache, et a conduisait la plus moche voiture que j’ai vu. Nous étions tellement  amoureux que quelques mois plus tard, on se maria.

J’ai toujours été opposé aux mariages et ce genre de la folie. Après avoir lu “Amateur (Die Liebhaberinnen)” Alfriede Jelinek, j’étais sûr que je ne voudrai pas me mariée, jamais. Et pourtant…

Mise à part, j’ai rencontré beaucoup de personnes malintentionnées, qui m’ont demandé si je me mariais car j’avais besoin d’un visa pour être en France. J’étais terriblement en colère. Parfois, même à la poste quand je voulu envoyer une lettre au Pologne, la dame a demandé,
“Est-ce en Europe?”. Un jour, dans un autre endroit, on m’a demandé de prouver que la Pologne était dans l’Union Européenne. J’ai alors pensé «Demandez vos enfants qui savent surement mieux que vous. »

Même à la banque, on m’a demandé un titre de séjour. Il y avait pas mal de problèmes avec cela, mais quand je l’ai finalement obtenu, il apporta peu à ma vie. Mais le pire est que le motif du séjour est écrit dans « thème de la famille » en gros caractères et juste au-dessus, en minuscules  «Le thème du travail ». C’est un tel détail déplaisant.

Je pense que je n’ai pas besoin de me marier pour devenir résident de ce pays. Mais, bon…

Vite j’ai trouvé un boulot dans un café tenu par un ancien punk, qui plus tard a été un coiffeur. Dans quelques jours, j’ai dû commencer à y travailler, dans le Café du Théâtre.

Le boulot au Café du Théâtre était super, et mon français était bien mieux. En Septembre je suis allé faire une formation pour étrangères. Les habitants de Dinan sont surpris de voir que je suis toujours là. Je souri et leur dit « Voici ma maison ».

En Mars, j’ai arrêté l’école (je l’ai fait!) Et j’ai commencé à travailler comme animatrice dans une association. Ce fût mon rêve depuis que j’étais à Dinan.

En Mars, trois jours avant le mariage, je découvris que j’étais enceinte. Et c’était merveilleux.

En Juin j’ai obtenu mon certificat de français!

Mon SVE était une révolution pour moi. J’ai du changer de comportement, apprendre beaucoup de chose.. L’effort en valait la peine. Maintenant, Dinan c’est maville, ma maison. Avec mes amis nous avons créé une association, qui a pour le but de créer un Centre Culturel d’Arts Contemporains, pour les jeunes. Pour eux, il n’y a pas de lieux comme ça à Dinan. Mais aussi, je commencerai travailler dans le cadre de programme Jeunesse en Action, pour organiser des Initiatives Jeunes et des Echanges.

Avant, les gens riaient de mes rêves, et maintenant mes rêves sont devenus mon travail – créativité et action.

Je me promène dans les mêmes rues que pendant mon volontariat, et je souris… J’ai eu de la chance. Je marchais sur les traces de la psychanalyse de Sigmund Freud,  en procédant, j’ai trouvé ma place sur la terre – Dinan. Je suis venu ici pour mon SVE, ici j’ai trouvé une famille, un travail, je me suis retrouvé ici. Et enfin, je suis heureuse !

by Lila Roty, Poland


Il valore della crescita

Cercai di estraniarmi dalla societá

e vidi ciò che la costituiva:

un mondo fatto di richieste,

basato sull´ insaziante volontà di avere tutto.

“La vita é compravendita” , pensai. Si sarebbe disposti a tutto pur di ottenere quel che si vuole. Eppure, sono le scorciatoie, le vie piú semplici, che piú facilmente smuovono la nostra passivitá. Ma quanto siamo disposti a dare per ricevere? Perché ci limitiamo a chiedere e non agiamo?

A diciannove anni mi svegliai da questo confuso sogno e decisi di cambiare.

Il volontariato mi apparve un sano compromesso, l’accordo sincero tra il desiderio di trasformarmi e un mondo esterno che chiedeva aiuto. Attraverso il progetto ” Amicus”,  il 10 febbraio 2010 andai a Marmande, cittadina francese, famosa per il suo pomodoro. Lavoravo in una scuola come educatore e nel frattempo facevo ricerca sul volontariato in Francia.

L’ iniziativa dell’Amicus era molto interessante: 30 giovani italiani venivano inviati per sei mesi in tutta ‘Europa col compito di fare ricerca sul modello di volontariato del paese di accoglienza (piú precisamente sul servizio civile) e, al tempo stesso, di fare volontariato. Trascorsi i sei mesi, l’obiettivo era quello di ritrovarsi tutti quanti per discutere sulla possibilitá di avere un servizio civile comune europeo. La mia esperienza in Francia fu apparentemente distuttiva, nel senso che, passata l’effimera eccitazione, vissi quel che propriamente si chiama “shock culturale”. È difficile ricercarne le cause, anche perché dal punto di vista lavorativo tutto andava a gonfie vele.

D’altra parte, la mia spietata determinatezza si scontrava ferocemente con una sempre maggiore indifferenza nei confronti delle situazioni. Trovai le mie contraddizioni. Io, che non ho mai tollerato le persone contraddittorie. Scoprii le mie debolezze, che, da fiero ragazzetto italiano, non avevo mai rilevato. Indiscutibilmente, il problema ero io e la mia personalitá in cerca di definizione. Ma mi accorsi solo dopo essere ripartito per l’Italia che la lotta era tra ” Me, Myself and I”. Nella realtá dei fatti, non ci volle molto per passare dal “che scarpe inguardabili ” a “odio tutti i francesi”.

Poi ripensai alla mia missione.

Realizzare

di far parte di quella

realtà mediatica

che avevo tanto criticato

mi lacerava.

Avevo solo bisogno

di nuovi obiettivi.

Insoddisfatto,

ritrovai l’essenza

di ció che

in passato

mi spinse a partire,

nella speranza di

cambiare.

In questo modo, diedi il massimo per la ricerca, che, fino a quel momento, avevo un po’  trascurato. Al lavoro, se tutto già andava bene, provai comunque a migliorarlo, dando sempre nuovi consigli all’équipe e ascoltando meglio il mio pubblico, i bambini. Mi rivolsi nuovamente alle persone che meritavano delle scuse da parte mia. Ricostruii da capo ció che fin ora avevo sbadatamente distrutto. Definitivamente, quella fu l’età d’oro.  Al rientro in Italia, il meeting finale dell’Amicus con tutti i volontari fu esaltante. Tante persone con tante storie diverse e allo stesso modo interessanti, pronte a discutere su un qualcosa che di fatto trascendeva le loro competenze. In definitiva, non in tutti i Paesi europei esiste il servizio civile: nel caso della Francia, esso é in via di elaborazione e, fortuna vuole, le leggi inerenti uscirono proprio nel periodo in cui io svolgevo il mio volontariato. Proprio per questa disomogeneitá tra Paese e Paese, abbiamo constatato che, per ora, non é possibile creare un Servizio Civile Europeo, ma, chissá, magari tra qualche anno ne riparleremo. La mia esperienza di volontario non finisce qui, perché a Settembre 2010 sono ripartito per fare il Servizio Volontario Europeo in Danimarca – dove resteró fino a giugno 2011 – entusiasta dello sviluppo a livello personale e pratico fatto in Francia.

Il volontariato é una corrente:

due masse d´ acqua che si incontrano,

due esigenze,

due volontá,

due speranze.

È la voglia di dare

e ricevere

senza prezzo;

capire che condivisione

é guadagno,

non perdita.

by Adolfo Franchi, Italy


Lettera ad un volontario…

Caro volontario,

Ho deciso di rivolgere la mia lettera a te che ti appresti a partire, che ti chiedi se farlo o meno, a te che sei magari già sul posto, nel pieno delle attività, e che cominci a provare nostalgia di casa. Mio caro amico,capisco benissimo come ti senti e non posso far altro che condividere le tue sensazioni.

Ci sono dei momenti in cui dubbi, ripensamenti, domande, supposizioni non ti lasciano libero di vivere a pieno il presente. Quando, ad esempio, scopri di aver lavato per due mesi le robe soltanto con l’ammorbidente, o quando durante le faccende domestiche, l’aspirapolvere sradica una mattonella; E’ proprio in quei momenti che interrompi tutto, ti siedi e rifletti sul fatto che, in fondo, nessuno può capirti completamente. Certo, ho utilizzato degli esempi alquanto demenziali, ma spero di averti reso l’idea…

Ovviamente, come saprai bene, non c’è nessun segreto che sia funzionale al superamento di problemi simili, però, posso dirti che pensare al come ed al perché non fornisce le risposte di cui avresti bisogno…Lascia piuttosto che sia qualcosa di nuovo ed inaspettato a distrarre i tuoi pensieri. C’è qualcosa che davvero ti piace?? Qualcosa per la quale spenderesti le tue giornate e che ti fa semplicemente star bene? Pensaci bene.

Il fatto di concentrarti su situazioni di gente che vive in un contesto diverso dal tuo, a prescindere dal posto in cui ti trovi, permette di dimenticare te stesso e reinventarti, cogliendo tante nuove occasioni. Di qualsiasi tipo di proposta si tratti (dalla passeggiata per un caffè alla seduta di yoga) non rifiutarla, perché poi, se ci pensi, non hai nulla da perdere e non puoi mai sapere dove queste possibilità ti condurranno. Simone Weil scriveva in una delle sue poesie che “un giorno morto è troppo lungo da vivere”, motivo per cui intraprendere una nuova esperienza, per poi non viverla al 100% non avrebbe senso.

I motivi che spingono a candidarsi per il Servizio di Volontariato sono svariati.

C’è chi lo considera una via di fuga, un modo come un altro per “staccare la spina” e trascorrere qualche tempo in un Paese lontano, c’è chi invece vorrebbe “fare la differenza” ed impegnarsi in un progetto concretamente utile a livello sociale. E spesso il resoconto finale della propria esperienza è strettamente legato alle intenzioni con cui si era partiti. Molto infatti dipende dalla propria personale iniziativa.

Nel mio caso, l’esperienza in Turchia ha aiutato tantissimo. In riferimento a questo, mi piacerebbe condividere con te alcune delle impressioni che buttai giù a circa metà del mio percorso:

“Ho cominciato diverse volte a scrivere, ma poi mi sono interrotto, incapace di tradurre pensieri in parole scritte. Qui le circostanze mi lasciano spesso senza parole; Domando, ad esempio, ad un passante indicazioni, per poi vederlo prendermi le buste ed accompagnarmi…Mi addormento in un bar ed il cameriere viene a coprirmi con una coperta… Uscendo dalla scuola di un piccolo villaggio senza strade asfaltate, i bambini mi rincorrono e circondano, riempiendomi di omaggi inaspettati… In ritardo per un volo, chiedo di effettuare il check-in in un negozio di fiori e mi ritrovo a farlo, sorseggiando una tazza di the, mentre il fioraio mi informa che esiste una navetta gratuita per l’aeroporto…

A momenti, stento a riconoscere il mio ruolo di volontario, mi sento spesso in debito con le persone, e tutto questo mi affascina, ma allo stesso tempo mi confonde, per cui posso soltanto invitare a vivere in prima persona questi posti e a valutarne cultura, accoglienza e stile di vita… L’unico rischio che credo si corra, è quello di innamorarsene e non voler più tornare indietro”.

A distanza di tempo, rimango dello stesso avviso, ed ho delle parole anche per te, volontario che presto tornerai e non vorresti, o che dopo il ritorno ti senti uno straniero a casa, e ripartiresti domani stesso.

Io sono del parere che tutti ERRIAMO, ma, sai, a me piace interpretare il verbo errare non nel senso dello ‘sbaglio’ ma nel senso del ‘vagabondare’. Ed in fondo penso che forse è questo che tu sei ora, un errare vivente,ora vagabondi…E non tutti lo fanno… Sbagliare invece ci rende comuni. A te questa libertà di viaggiare, conoscere, esplorare è stata concessa, non sprecarla. Malinconia e senso di smarrimento sono sentimenti comuni, non devono spaventare. Non dimenticare mai che tu hai il mondo intero,la vita intera davanti a te…Che per te la vita può e deve essere più reale, più piena, più gioiosa di quanto essa non lo sia stata forse per nessun’altro.

Non so se possa averti trasmesso qualcosa di utile, però sappi che ti ho parlato in maniera sincera e sentita.

by Stefano Convertino, Italy


Inspirasjon

A strange feeling that sneaks up on you and fills the head and body with worry.

As if there is something that you have to run to write down.

Fingers are quivering so eager to put something into motion.

To realize true communication, a process that you don’t really understand and have trouble finding the source of.

Pure satisfaction for having done something because you just couldn’t help yourself.

Put your mark on something; show that you were, that you belong, that you are worthy that you have something to contribute with.

An automatic and all-powerful wish for recognition, to feel accepted, seen, respected and appreciated.

Is there any power more immense than the one put to work, when you give of yourself, fully, without any restrictions.

by Monica Sæbø, Germany


My EVS experience in Belfast

It all seemed to me like a big dream, when I received the confirmation of my EVS placement at Shopmobility in Belfast. On the 20th March 2010 I realised this was not a dream anymore. My dream come true! I am going to Belfast for 1 year.

First impressions:

It was already dark, when I arrived at Belfast City airport. I saw the lights of Belfast City through the airplane window and I thought Belfast looks like a huge Christmas market probably like the ones which we have in Austria.

My big international Family.

I share the house with different Volunteers form different countries. We all became a big international Family. My flatmates came from Hungary, Spain, France, Portugal and Germany.

There are other Volunteer houses throughout Belfast and we meet regularly for international dinners or organise Trips to amazing places in Northern Ireland’s, Ireland’s and UK’s nature.

I learned a lot about other cultures and languages since I am here. It’s such a great experience meeting so many different people from different countries, exchanging experiences and getting to know their cultural traditions.

English Language and Belfast.

When I arrived in Belfast, I heared someone talking and I thought: Is this English? The English I learned at school was completely different than English in Belfast. After a while I figured out yes it is English, I just have difficulties to understand it. It took me a few month to get used to the accent, now it seems normal to me.

Once I went into a Fish and Chips shop and ordered a bottle of water, instead, I got a cup of hot water. As I was a bit embarrassed,I asked for a tea bag. There is always time for a cup of tea!

Belfast and it’s lingo

Belfast has a very nice lingo, which can be hard to understand for foreigners like me.

What would you think if you hear the Phrase „Dead on“? Well I tell you, what I thought: A customer come into the Office and I asked how I could help him, he looked at me and said, its DEAD ON. I asked him if someone died, because I didn’t know that Dead on mean It’s OK.

So everything Dead on than, no need to worry! An other phrase which I like very much is What’s the Craig? Which does NOT mean that someone want to buy drugs. It simply means: What’s going on? Something else I discovered here is that everything is WEE. It doesn’t matter if the house, the bag, the shop etc is small or big you just use the word wee for everything, even if it doesn’t make sense.

After a few months in Belfast, even I started using the lingo without recognising it. Friends made me aware of that, and I find it funny and I am a wee bit proud of that.

Volunteering at Shopmobility Belfast

My work at Shopmobility contains a lot of different tasks. Shopmobility hire out wheelchairs and scooters for people with limited mobility or disability. My duties are helping in the day to day tasks like reception and answering the telephone, but my main work is within their youth group „ Tyre Out“ which is for young people between 16 and 30 years, with limited mobility or disability.

Organising all kind of activities like Sports Arts and Culture, seeing how they enjoy themselves makes me very happy and makes me proud of what I am doing here.

Especially, because I have a disability myself, I appreciate the service of Shopmobility and I think Shopmobility should be available in as many countries as possible.

My workmates encouraged me to try as many new things as possible. That’s why I volunteered in my free time at lots of different local festivals.

The Main Things I have learned during my EVS in Belfast:

Appreciating peace

I learned a lot about the Northern Irish History and I learned to be aware and to appreciate the peace in my home country more than ever.

My opinion of nice weather has changed

For me now, the is weather nice, as long as it doesn’t rain.

Believing in myself

Through my work and the volunteering in my free time I learned lots of things I never thought of.

Knowing that everything is possible and that dreams does not have to stay dreams! They actually can become true!

For everybody who haven’t done EVS yet, please don’t miss such great experiences!

by Christina Frisch, Austria


Dicen que así fue

En una de esas mañanas cuando el sol entra por la ventana de manera tan abrupta que la luz se apodera de cada rincón obscuro que hay en el cuarto, iluminándolo por completo, como haciéndonos una cordial invitación, a disfrutar de esos días que ahora parecieran ser días extraños, por su mismo resplandor. Es lo mismo que pensó Agustín, que al percatarse de la presencia de tan agradable visita en su cuarto se dispuso a abandonar la cama en un movimiento brusco, en un salto que no dejaría dudas de que la apatía no seria su compañera en un día como ese. Al instante de abandonar la cama inicio con lo que era ya su rutina; arreglarse, tomar el desayuno, echarse la mochila al hombro, y salir a vivir un día más en su vida. Una corazonada le decía que este seria un día especial, un día para recordar, pero a su vez no sabía por que, Apolo ya había puesto de su parte con un hermoso día, no tenia nada especial planeado; fuera de tener un par de reuniones con sus amigos, y de comprar en el mercado un par de cosas, las que él solía llamar triviales (cepillo de dientes, peine, gel, crema, etc.) a pesar de estar presentes en su día a día, no tenia ni la mas remota idea de que era. Al salir de su casa Agustín se encontró con la vecina, una mujer de edad avanzada, casada y que eran desde que él tiene memoria los “viejos” de la cuadra. Para este momento Agustín ya contaba con 24 años, cercano a ser todo un profesionista, estaba a punto de terminar su carrera como Abogado, había conseguido hacer sus practicas en un buffet con mucho prestigio, en la cual esperaba encontrar empleo o los contactos necesarios para no pasar penurias buscando uno. Estaba muy bien preparado, era bilingüe, tenía buenas maneras, buenos modales, se podría decir que era el novio que toda madre busca para su hija; o al menos era lo que él pensaba, con falsa modestia. Joven, lleno de vida, de ilusiones saludo cortésmente a Doña Margarita, que como de costumbre estaba regando su jardín, el cual era la envidia de los vecinos por la belleza, la variedad de flores, por lo colorido que resultaba a la vista, sin duda digna imagen de una postal; aunque también solía ser la respuesta para muchos jóvenes enamorados, que a falta de dinero para poder comprar flores para la amada, solían visitar ese jardín con la complicidad de la noche para dar muestras de su amor a la prometida en cuestión. Y fue en una situación como esa, en que Agustín y Doña Margarita tuvieron su primera charla sin los formalismos de solo saludarse al cruzarse en el camino, ella lo sorprendido infraganti al escuchar ruidos en el jardín. Habían pasado 6 años, de cuando Agustín loco de amor y desesperado por reconciliarse con su amada, tomo la iniciativa de hurtar las rosas blancas que estaban en su punto de mayor esplendor. El plan estaba listo para llevarse acabo, esperaría que la luz de la sala se apagara, eso ocurría después de las diez y media de la noche, era cuando terminaba la novela en turno. Incursionaría con sigilo, se le facilitaba por el hecho de ser vecinos, cruzar sin ser visto por la cerca que los separaba, que irónicamente era el resguardo del jardín, y a su vez seria su aliada para cubrir su fechoría, pensó él, sin embargo esa misma cerca lo delato. Doña Margarita no hizo drama, por el contrario le enterneció escuchar los motivos que lo orillaron a hurtar las rosas sin permiso y fue ella misma quien se las regalo. Agustín tiene muy grabado en la memoria las palabras que su madre pronuncio un día ya lejano, cuando él era niño y deseoso por comer chocolates antes de la hora de la comida, aprovecho que estaba solo en casa, se dirigió a la cocina, uso sillas, bancos y demás artículos que le fueron útiles para hacer su escalera y obtener la tan preciada caja de chocolates. Después de tener la caja en su poder y arrasar con ella, limpio la escena del crimen, pero olvido por la adrenalina que corría por su diminuto cuerpo, el muñeco que recién le habían traído los Reyes Magos; un muñeco de acción que llevaba consigo a sol y sombra. Al sentirse confiado de estar fuera de cualquier sospecha por su travesura, no adivino la sorpresa que se llevo al escuchar el llamado de su madre dos horas después cuando regreso de hacer las compras en el mercado. -Agustín ven aquí, estoy en la cocina- le dijo. -Bajo en un momento- contesto él. Al llegar a la cocina vio a su madre sentada en la mesa, con la caja de chocolates y su muñeco, sintió un frio helado recorrer su espalda, y sin mas se sintió atrapado de la manera en que menos podía alegar ser inocente. Ante su reacción, su madre le dijo: -Ven, acércate- moviendo la silla e invitándolo a tomarla -Heee lo siento, no quería comer todos los chocolates, pero… -¡No resististe mas y te comiste toda la caja, y tanta fue tu emoción que olvidaste el muñeco que tanto te gusta! ¿No?- -Si, perdón, no lo vuelvo a hacer- dijo esperando zafarse de alguna tarea extra por su falta. -Mira Agustín, eres un niño y debes entender que hay reglas, y si las rompes hay consecuencias, además no hay crimen perfecto, siempre hay algo que nos puede delatar, no lo olvides. En cuanto a tu castigo ya veremos. Y así fue. Al detenerse y darse los buenos días mutuamente, Doña Margarita le dijo: -¡Agustín, disfruta de este día, es hermoso, parece que invita a cantar, a levantarse de buen humor, seguro algo bueno pasará! ¡Además es sábado, el fin de semana esta aquí! – -Si eso mismo pienso yo. Ya lo estoy disfrutando. ¡Tengo la sensación de que sus palabras serán de profeta! -Cuídate mijo y que te vaya bien- se despidió amablemente Doña Margarita Continúo su camino rumbo al mercado, compro lo que necesitaba. Les hablo por teléfono a sus amigos para confirmar el lugar donde se verían, un lugar en una plaza comercial, para distraerse y perderse entre la gente. Él sabía que tenía tiempo, pues sus amigos no se distinguían por ser como los relojes suizos. Llego a la plaza comercial y se dispuso a caminar, a mirar a través de los aparadores y ver el último grito de la moda. Pensó en como gastaría sus primeros cheques, cuando los tuviera, claro. Aun faltaban cuarenta minutos para que sus amigos llegaran, sin contar el tiempo extra por esperarlos, y Agustín ya había terminado su recorrido por la plaza comercial. Decidió tomar asiento y leer el periódico, la sección de deportes; su favorita, para enterarse de las nuevas noticias, los resultados, los comentarios de periodistas, futbolistas y de todo lo que rodea a la “redonda”, para seguir confirmando cuantas emociones, dinero, charlas y pasiones ruedan detrás de un balón, que sin proponérselo su creador o creadores, desde hace mucho tiempo este deporte acapara la atención de lo que es realmente importante. Una vez leyó una cita de un ex-futbolista, Arrigo Sachi: -El futbol es lo más importante de las cosas menos importantes- y el estaba completamente de acuerdo. Al verse sumergido en su lectura no aviso de la pareja que se sentó a su lado en la banca, una pareja joven, de buena posición económica a decir por las ropas y accesorios de ella, y al buen gusto de él por su perfume fresco y sofisticado, o al menos era esa la primera impresión que le causaron. La pareja se veía como una familia para promoción de un comercial, ya que el cuadro era completado por un niño de no más de seis años, podrían ser la familia perfecta, pensó para sí mismo. No había nada raro en ellos, todo era perfecto hasta que Agustín vio al niño con detenimiento y se dio cuenta que no era “normal” parecía tener un tipo de discapacidad, pero eso no le evitaba actuar como el mas normal de los infantes, y jugar en cuanto lugar le fuera posible con su pelota. Y fue esa pelota la que rompió el hielo, ya que el niño la pateo llegando a los pies de Agustín, que de un movimiento ágil y rápido, “mato la pelota”, despejando cualquier duda de cual era el deporte que practicaba. Le regreso la pelota al niño mientras los padres se disculparon con él e intentaron meter en cintura a su hijo. A lo que Agustín intervino. –No, no se preocupen, no hay problema, no pasa nada. Él solo se divierte, a mí no me incomoda. -¡OH! Gracias, que bueno que pienses así, mucha gente hoy en día se molesta por verlo jugar, y reaccionan peor por su estado-. Dijo el papa con un tono cordial y amable en su voz. -Bueno, no creo que la gente debería reaccionar de tan mala manera, todos fuimos niños e hicimos lo mismo, jugar y jugar- -A mi me gusta mucho jugar, de grande voy a ser futbolista- dijo el pequeño, interviniendo en la charla. -¡Ah, mira que bueno! ¿Y en que posición de gusta jugar?- apunto Agustín. -Delantero, me gusta meter goles, pero también me gusta ser portero, me gusta aventarme por el balón- al instante se lanzo despejando cualquier duda de sus palabras. -¡Que bueno, que te guste, practica mucho, para que seas mejor que muchos que salen en la televisión y que solo dan pena!- -Que amable eres, parece que tienes hijos?- acoto la madre, entrando en la conversación. Lo que desato la risa de Agustín, diciendo. -No, aun no, soy muy joven para eso, primero quiero vivir, viajar, conocer el mundo y después que vengan los que quieran- -Seguro quiere un equipo de futbol-dijo el padre desatando la risa de todos. -Jajaja, no seria mala idea-dijo Agustín. -Mira que se ve que eres buena persona, seguro serás buen padre, pero primero haz lo que dijiste, viajar, conocer, aprender de mucha gente en diferentes latitudes, eso te servirá mucho- agrego la esposa. La charla prosiguió entre ellos, matizada con los juegos del pequeño Manuel, que no cesaba en jugar. El tiempo pasa deprisa, y mas cuando uno logra entretenerse, pensó Agustín luego de recibir una llamada de sus amigos, que lo estaban esperando en el lugar convenido.

Las aventuras se dibujaban con diferentes colores en las diferentes situaciones que se presentaban, hacia lo que su instinto le dictaba y lo que sus colegas le decían. Tenía empatía con la gente en su trabajo.

Con el andar del tiempo conoció poco a poco a todos y cada uno de ellos, sus cualidades y defectos, sus temores, sus fortalezas. A veces era difícil saber quienes eran los discapacitados, los que él cuidaba o la gente afuera, en la calle. En mas de una ocasión Agustín sufrió discriminación, marginación, gestos poco amables, intolerancia, incomprensión; donde todas estas “muestras de afecto” tenían un común denominador, su aspecto físico, era la causa por la cual mucha “gente normal” evito un contacto con él. O al menos esa era su impresión, esa fue a la conclusión que llego después de tratar de entender lo que le pasaba.

Agustín se creía preparado para sortear todo tipo de pericias, creía estar lo suficientemente experimentado para lograr entender y encontrar las respuestas que venia a buscar.

Nada mas alejado de la realidad, en muchas ocasiones hizo gala de sus  dotes en otras lenguas para comunicarse con las demás personas, pero parecía que en realidad no hablaba el mismo idioma, al ver el rechazo o el nulo puente de comunicación, tan básico entre dos personas para poderse entender. Se frustró que dio gusto, pero siempre preguntándose:

-¿En dónde  están los discapacitados? ¿Quién debe cuidar a quién? ¿Quién debe enseñar  a quién?

Los discapacitados con los que trabajo, o las personas con las que me cruzo en la calle. ¿?-

Esos discapacitados que lo veían a diario, le hablaban a diario, comían con él, jugaban  con él; sin importar su color de piel o acento, tienen menos prejuicios, y sin embargo son ellos los que están atrapados en prisiones de carne y hueso. Los que tienen que esperar una orden para hacer algo, los que tienen que recibir una ayuda para hacer esas trivialidades de las que Agustín no ponía atención. Comprendió mas ayudando a lavarse los dientes, a poner una camisa, a tratar de responder el por qué del color de los árboles, o las hojas.

Agustín aun no termina su aventura, esta va a la mitad, aun queda camino por recorrer, él sabe que esas personas que ha encontrado en su andar, discapacitados y no, le enseñan cosas nuevas, ahora mira con diferentes ojos los paisajes que lo rodean, los aromas que captan su atención.

Aun no responde sus preguntas, se mira en el espejo y se ve diferente, pero aun con preguntas sin resolver. Deja viejos vicios y adopta unos nuevos. Las palabras de sus seres queridos ahora tienen mas significado, están mas presentes que antes.

Agustín no ha dejado de asombrarse por las nuevas aventuras que ha vivido, entiende que nunca se puede ser demasiado viejo para aprender, pero también que no se puede ser tan falto de modestia para creer saberlo todo. La vida parece curiosa en su andar, y el destino luce manejado por un chiquillo que se divierte a nuestra costa. Agustín se adentra en busca de las respuestas a sus preguntas, pero no logra a un descifrar todas…

Esta historia parece no empezar o no seguir, pero no es así, lo que pasa es que yo tengo ese don de adivino del ciego del parque, tut mir liad. También estoy ansioso por saber en que termina, que mas sigue

Ya les contare que más me dice Agustín… Por el momento:

Ojos bien abiertos y corazón pleno

by Jorge Luis Fentanes Colin, Mexico


Um mundo a descobrir

Escrever sobre esta experiência não é nada fácil, afinal foram nove meses a viver tudo intensamente, como se acontecesse tudo pela primeira vez. Aprender coisas novas, conhecer novas realidades, presenciar comportamentos que desconhecíamos por completo.

Para muitas pessoas um projecto como este pode não ter qualquer tipo de significado. Para muitos pode ser apenas um motivo para viajar ou para sair de casa. Mas apesar da razão pela qual se faz SVE (serviço de voluntariado europeu), o importante, é que se faz e aquilo que se traz para casa. Novos conhecimentos, novas experiências, novas emoções. Ninguém tem o direito de dizer se está certo ou errado. O que interessa aqui é apenas a experiência que passaste, da qual te orgulharás para sempre. E é com esse orgulho que partilho o que vivi.

O meu projecto estava recheado de culturas de diferentes origens porque lidava com nacionalidades muito diversas. Era um projecto peculiar, uma vez que me permitia lidar com adolescentes imigrantes e com mulheres vítimas de tráfego humano e prostituição, possibilitando-me conhecer diferentes culturas e religiões. Teve lugar em Padova, uma cidade no norte de Itália perto de Veneza, uma cidade muito rica e por isso com bastantes imigrantes. Foi realizado numa Associação chamada Mimosa que dá apoio a imigrantes adolescentes que se encontram sem os pais em Itália e a prostitutas e/ou mulheres que sofrem de tráfego humano. Esta associação tem duas casas para que estes adolescentes possam viver: uma casa para raparigas e outra para rapazes. O meu voluntariado foi feito somente na casa masculina.

O meu primeiro contacto com a associação foi na entrevista com a presidente, Barbara, que com todo o seu cativante interesse pela causa, me explicou toda a história de imigração e prostituição em Itália, evidenciando as áreas de trabalho e a mecânica da associação. Fiquei fascinada por pensar que existem pessoas que investem o seu tempo em áreas onde os resultados raramente são alcançáveis ou se os são, demoram tanto tempo que exigem uma paciência e uma motivação sobrenatural.

Depois deste fascínio, fui conhecer a casa masculina com o coordenador Andrea. Foi quando me dirigia para lá que me disse que teria de dormir na casa. Comecei a pensar que não queria este projecto, que não queria dormir lá…para mim era algo impensável. A verdade é que depois de conhecer os rapazes que viviam naquela casa, senti que não era assim tão assustador e que estes miúdos eram apenas adolescentes como eu já fui um dia. Assim, comecei a fazer os meus turnos, um dia com mais vontade, outro com menos mas verdade seja dita, podia estar muito triste um dia que quando chegava à casa, os miúdos eram os primeiros a perguntar se estava tudo bem e a fazer-me sorrir.

Todos vinham de países muito diferentes e com experiências muito pesadas para pessoas tão novas. Gostava de partilhar um pouco das suas histórias de vida:

Khalil, de 16 anos, veio de Marrocos, um miúdo que chegou a Itália com menos de 12 anos. Veio sozinho, não se sabe bem como. Quando o conheci já tinha vivido em várias casas de acolhimento. A mãe vivia em Itália há dois anos mas não estava legalizada, por isso não podia assumir a responsabilidade de ficar com ele. Quando ficou legalizada não quis saber e Khalil saiu desta casa para viver num albergue para adolescentes imigrantes, onde lhe é dada uma mesada e total liberdade. Que futuro terá Khalil? Um rapaz que apenas queria que a família notasse nele e lhe desse um pouco de amor.

Hadi, agora com 18 anos, saiu da comunidade para viver sozinho e começar a sua vida autónoma. Foi com muita alegria que acompanhei a procura de uma casa e a sua ansiedade para começar a sua “vida”, a sua independência. Hadi veio do Afeganistão: veio de barco, de autocarro, pelo seu próprio pé. Passou pelo Paquistão, Irão, Turquia, Grécia e como ele dizia: sempre com o mesmo medo, o medo de morrer:

“e la mia paura era sempre la stessa…

Morire!”

Serghi, de 16 anos, vindo da Ucrânia. Era um miúdo carinhoso, “exigia” sempre um ombro para apoiar a cabeça, um abraço, um beijinho. Na primeira noite que dormi na casa ofereceu-me uma pequena lembrança que tinha feito. Foi o miúdo com o qual criei uma grande amizade e o que mais preocupação me deu quando vi o seu projecto de vida a descambar quando desistiu da escola. Hoje continua na comunidade mas não faz nada e nem tem projectos futuros (não estuda nem trabalha).

Alin e Stefan vieram ambos da Roménia. Alin saiu em Junho da comunidade, tem um trabalho e vive sozinho! Era um miúdo muito correcto, muito interessado em conhecer-me e sempre muito conversador. Adorava o Michael Jackson e era com orgulho que me mostrava as músicas que tinha no telemóvel. Oferecia-me sempre um café depois do almoço e gostava que o acompanhasse na varanda para beber o café e fumar um cigarro. Stefan veio atrás do amigo. Viviam na mesma aldeia. Era um miúdo muito fechado e solitário, não partilhava muitas coisas comigo. Trabalhava imenso e por isso, deitava-se sempre primeiro que os outros. Saiu da casa em Novembro.

Estes adolescentes tiveram um percurso diferente de muitos outros, o que para mim os torna únicos ao mesmo tempo que os torna especiais. Por isso não quero esquecer tudo que partilharam comigo. Aqueles miúdos são peculiares, são incomparáveis, são fortes, são “grandes”! Saíram dos seus países sem nada nem ninguém. Atravessaram fronteiras com medos, com esperança, com vontade de encontrar algo melhor! Encontraram? Não sei. Talvez sim, talvez não, muitas vezes um sonho é só mesmo um sonho. Certamente tiveram muitas coisas positivas mas também outras negativas. Mas uma coisa é certa, não tiveram uma infância e uma adolescência como eu tive. Foram forçados a crescer mais rápido que os outros. A sua adolescência foi passada na angústia de encontrar um trabalho para se poderem sustentar, pois com 18 anos o Estado italiano não os sustentaria mais. Estão por sua conta, sozinhos! Se forem despedidos não têm ninguém que os ajude. Penso neles todos os dias, será que estão bem, será que estão felizes, será que ainda estão em Itália? Espero sinceramente que estejam bem e felizes. Recordarei para sempre o amor que recebi destes miúdos pois foi muito especial e único.

Depois de iniciar os meus turnos na casa dos rapazes, dei conta que para mim não bastava, precisava de estar ocupada durante o dia. Foi aí que comecei a procurar outras associações onde pudesse fazer voluntariado. Comecei por fazê-lo sozinha mas as respostas eram sempre negativas ou inexistentes. Até que a certo ponto decidi falar com o meu tutor Emiliano, que me deu um apoio fora do comum, mostrando-se atencioso e contentor das minhas emoções, que surgiam como um vulcão em erupção. Disse-lhe em que área gostava de fazer voluntariado e uma semana depois comecei a dar apoio num Dopo scuola (Centro de Actividades de Tempos Livres). O meu papel desenrolava-se na parte de animação quando as crianças terminassem os trabalhos de casa. Fazia jogos com eles, desenhos, máscaras de Carnaval, etc. A ideia era entretê-los, enquanto as outras crianças acabavam os seus trabalhos. Para além desta associação, tive oportunidade de fazer voluntariado em mais duas associações: Casa IN-CON-TRA que se dedicava a mulheres refugiadas e aos seus filhos e Intercultura que trabalhava na área da educação não formal para uma aprendizagem intercultural e uma educação global.

Em Maio iniciei outra actividade: a equipa de rua, outro desafio intenso no meu projecto. Este trabalho incidia essencialmente num acompanhamento às prostitutas que se encontravam nas ruas de Padova. Esta acção começava por volta das 22h. A técnica que pertencia a esta equipa já conhecia quase todas as mulheres que por ali se achavam. Sempre que encontrávamos uma mulher, parávamos o carro para podermos conversar um pouco com ela e perceber se já tinha ido ao médico, uma vez que muitas delas não se encontravam legais no país e por isso, não podiam ser atendidas por um médico de um centro de saúde. Nestes encontros procurávamos incentivá-las a fazer análises clínicas para saber como estavam. A maioria delas garantia que usavam contraceptivo quando tinham relações com os clientes, no entanto é sempre bom ser examinado. No final da nossa conversa dávamos um preservativo, ao qual chamávamos il porta fortuna (aquele que traz boa sorte)! Ao pertencer nesta equipa, reconheci que este é um mundo completamente diverso daquele a que estamos habituados. É totalmente diferente passarmos de carro e observarmos uma mulher parada na rua, do que falarmos com ela. É quase impossível compreendê-las, entender qual a razão que as traz ali, na noite escura, fria e solitária. E por isso é mais fácil julgar do que tentar perceber um facto que para nós nos parece incompreensível. As ruas acolhem estas mulheres que por vezes ainda nem sequer atingiram a maioridade. Algumas são simplesmente adolescentes, crianças que não puderam ter outras oportunidades como nós. Nestas saídas, falei com tantas nigerianas que, na maioria das vezes, são vendidas pela família porque acreditam que na Europa poderão ter uma vida melhor e, através disso, ajudar os pais e irmãos que permanecem na Nigéria. Da mesma forma que encontramos tantas nigerianas, podemos também encontrar tantas raparigas da Europa de Leste, que partem para Itália com esperança de encontrar um trabalho que lhes permita ajudar os que ficaram para trás no seu país. Como a prostituição mostra ser o caminho mais fácil, deparamo-nos com jovens que com apenas 18 anos já fizeram 7 abortos. O que me faz pensar, eu com 18 anos queria tirar a carta e entrar na Universidade. Realmente, a igualdade de oportunidades é um mito que os estados usam e abusam para tentar tornar os seus países mais humanos!

Para finalizar esta minha história, é importante destacar a cultura e a vida social em Itália. São aspectos muito característicos deste tipo de projectos que o tornam ainda mais rico. Viver noutro país permite-nos uma vivência cultural única. E apesar de ter escolhido Itália (um país com uma cultura muito idêntica à minha) não significa que não exista essa troca e essa partilha. Para além das coisas mais básicas como a língua e a comida, existem padrões de comportamento divergentes. A linguagem corporal, por exemplo, que é muito própria dos italianos; o uso da bicicleta como meio de transporte; os filmes estrangeiros dobrados…Só nos apercebemos destas realidades quando temos a possibilidade de viver lá, pois passado pouco tempo, somos nós próprios que começamos a usar a linguagem corporal no nosso discurso, somos nós que vamos fazer as compras de bicicleta, somos nós que vemos os filmes dobrados na televisão ou no cinema. E não posso deixar de evidenciar outra característica à qual ninguém fica indiferente: o aperitivo no final do dia. Os italianos têm como hábito, encontrar-se num café, num bar, numa esplanada, e com uma bebida e uns petiscos, relaxam e convivem com os amigos e familiares. As praças cheias de gente, as ruelas movimentadas, a luz natural do fim do dia, criam uma imagem magnífica. Esteja frio, sol ou chuva, ninguém se nega ao típico aperitivo italiano. E eu, com vontade de viver como uma verdadeira italiana, também o fazia sempre que possível. A cultura e a vida social foram aspectos singulares deste projecto, pois permitiram sentir-me como uma italiana em Itália e não como uma imigrante em Itália.

Mas esta vida social nunca poderia ser feita sem amigos, amigos que quando se está fora do país se tornam a nossa família sem os quais não conseguiríamos viver. A minha vida tornou-se num mini mundo recheado de pessoas de todas as nacionalidades. Tive o prazer de conhecer pessoas da Turquia, Hungria, Geórgia, Botswana, Espanha, Alemanha, Polónia, Inglaterra, Bélgica e tantos outros países. Partilhávamos todos a mesma sede de descobrir o desconhecido, o mesmo entusiasmo de falar uma língua que não era a nossa, a mesma saudade dos amigos e da família. Foram com certeza um suporte crucial para mim durante os noves meses, sem o qual não poderia ter vivido este projecto com um sorriso na cara!

Com orgulho vos falei da minha história, do meu voluntariado, do meu projecto. Sim, porque este projecto foi meu, foi criado por mim. Não me refiro à sua estrutura, às suas actividades mas sim à maneira como lutei por ele e como lutei por completá-lo com outras singularidades que só a mim que me faziam sentido. Ninguém poderia tê-lo feito por mim e, por isso, estou grata por tê-lo feito!

by Mónica Correia, Portugal


Between two worlds

Being here, away from home, makes me often think of what home actually means to me. In my contemplation I haven’t come any further than the old, well-known truth: Home is where my beloved ones are. Because with them is where my heart lies.

So my heart is now split in two: One which is in love with this country and people living here, and the other one which loves everything that is left behind. In hope to find a new place which would bless me with a feeling of belonging I have found both: This and also a great confusion which spins me around like a wild, restless tornado. Instead of arriving somewhere I feel now more then ever like living between two worlds: My home here and my home there.

Every time the one half of my heart wants to give itself in to the present moment, enjoy it to the fullest, forget and not to think about what the other half has left behind and maybe even lost, I feel guilty. I feel guilty that everything here is so breathtaking and so exciting. I feel guilty that I have found people here who are dear to me. I feel guilty every time I feel happy. It seems like I have robbed not only a half of my heart but also the people from back home. The only reassurance in this case are words of a friend of mine: If you are dear to them as they are to you, they will be happy even about the tiniest part of your heart you can devote to them. I truly hope he is right.

Now I know that going away from something that means a lot is easy, only if a person knows that it still will be there when they return. For me this it is my family and friends. I always have considered the joy of reunion as one of the greatest in the whole white world. But I also am afraid that they will not be there for me when I return and when I will be ready to share my time with them again. I am afraid that there will be no reunion because they might have moved on or moved away. I can’t ask them to wait for me forever. But forever is what I would like to have now.

So time itself has become a surrealistic experience here. I feel the two dimensions of it, the past and the present, stronger than ever before. And present seems like a dream. Actually even more: It is everything I have never dared to dream of. It is a bliss. Because even when my spirits are down there is a star of happiness shining upon my head and within my soul. Do you know this sweet sorrow?

It is easy to be happy in the new world and new home because I AM new here. I am reborn. It is like having a second chance: One is prevented from making the same mistakes as in the past. thus one can start to build new home and new self from scratch.

Every single day in this new home and inside the new self feels like two or even three. So full of groundbreaking discoveries they are! It is as they say: As soon as a person steps outside the usual and common one, they discover and learn in the speed of lighting. It is a process of triple meaning: It involves discovering the new world, discovering myself and creating the new me. And once again there is fear involved. The new me. I know that I like it and people who surround me here like it. But will THEY like it? They who are still there, in the world of my past, and whose opinion has been the most important for me since the day I remember myself? And what if they don’t notice it at all? I am afraid it might disappear for the good then and never come back because it was accepted only in the new home and not in the old one. Is there a place for the new in the old? I know I am new inside, but is it also outside? Will they see it? I don’t want them to see me as the person who left. I want them to see me as the person who arrived.

A strange shift has showed itself: The world of back home should be my consolation and my support. It should be my warm and cosy place where to return to, where to crawl up in a ball and sleep the brumal sleep while wicked winds of the new and scary world are blowing outside. But it is not. It is like Poltergeist following me wherever I go and stepping on my toes, wanting me to pay for my past sins. And yet I can’t deny that this Poltergeist means the world to me. In truth I don’t want it to leave. It is big, eerie and yet comforting. It reminds me of all the choices I should have made but have not. It reminds me of all the good, loving words I had in mind and on the tip of my tongue but I haven’t said out loud, certain that it knows how I feel about it. It makes me be aware of these words and feeling now more then before. And I cherish them. It reminds me of all the silent glimpses filled with love I have caught throughout the years. So, yes, I don’t want it to leave, yet I wish it would step back and let me be at ease.

I assume that now I know how a soul that is doomed to wander between the Heaven and the Earth feels like. It is confused as am I living between these two worlds.

by Annija Sprivule, Latvia


Carnet de Slovaquie, ou Journal d’une française perdue à Košice

Enfin seule ! Cela fait plus de 10 jours que je suis arrivée à Košice, et c’est la première journée que je passe tranquille à la maison, sans mettre le pied dehors, et en quasi solitude.

Après 10 jours à courir partout dans tous les sens, la découverte de la Slovaquie, l’installation, le week end en Ukraine, un petit holà s’imposait.

L’arrivée

Samedi 8 janvier, j’ai pris le train en gare de Nantes, pour arriver à l’aéroport Paris CDG, avec ma grosse valise rouge, celle-la même qui m’avait accompagnée pendant un an en Italie, ma fidèle compagne de voyage. Depuis 2006, la pauvre a un peu vieilli, et ses roulettes voilées laissent « ruser » sa panse joufflue sur le sol mouillé de l’aéroport. Son inlassable feulement attire le regard des passants. En sueur, les muscles raides, je nous traîne jusqu’au bureau d’embarquement, où je me sépare, non sans appréhension, mais enfin libre, des 22kg de France que j’emporte en Slovaquie. Ayant prévu large, je me retrouve à attendre mon vol sur un siège, me prêtant ainsi à un de mes jeux favoris : observer les voyageurs,  solitaires, en couples, les familles, l’incessant ballet des immenses « frigos »à roulettes. De quel pays arrivent-ils, où vont-ils, quelle peut être leur vie, leur métier, la raison de leur voyage ?

Une fois atterri à Prague, il me faut retrouver mon futur colocataire et collègue, porte 18. En tâtonnant, je fini par découvrir un terminal quasi-désert, où m’attend déjà Victor, le Bulgare. Les minutes passent comme des heures, mais arrive finalement le moment d’embarquer dans notre jet. Dans le pullman, le froid nous prend d’assaut : petit avant-goût de ce qui nous attend à Košice ?

Il fait déjà nuit, mais on distingue très bien le sol. De mon petit hublot, j’aperçois un paysage de contes de fées, les miroitements tentaculaires des villes, îlots de lumière dans un océan de neige. Prague déjà s’estompe, et le jet s’enfonce dans une véritable purée de pois.

Košice la blanche, couverte de neige. Son petit aéroport tout neuf nous accueille, et vient le moment de la loterie. Ma valise va-t-elle arriver, dans quel état ? L’angoisse de voir défiler toute ma vie sur le tapis roulant est bien présente, mais j’essaye d’en rire comme si le fait d’en parler allait empêcher la tuile de tomber.

Je devine un gros mastodonte rouge au loin, c’est bon, le scotch a résisté, elle tient en un seul morceau ! Hop sur le trolley ! Pas trop de deux pour pousser le caddy croulant de bagages, Victor et moi débarquons dans le hall. En voyant pareil équipe,  Miloč notre boss, éclate de rire : pas de doute, c’est bien nous.

À notre appartement, Huskova 83, nous attend Lydia, le troisième membre du trio, ainsi que Michal (boss #2), et Martin notre mentor.

L’accueil

Autour de pizzas géantes, nous faisons connaissance, et nous explorons ce qui sera notre lieu de vie pendant les six prochains mois. La cuisine est toute équipée, le salon immense, et je partagerai ma chambre avec Lydia l’Allemande. Intérieurement, je croise les doigts pour qu’elle ne ronfle pas ! Ayant tous passé la journée à traverser l’Europe, nous nous écroulons de fatigue dans nos nouveaux havres de sommeil. Car, le lendemain, nous repartons sur les routes, direction Prešov, où vit Michal. La tradition veut qu’en Slovaquie, personne ne sorte d’une maison sans avoir la peau du ventre bien tendue. Michal fait ainsi honneur à son pays en nous proposant une succession de plats, aux quantités gargantuesques : marmite de pot-au-feu, montagne de beignets de poulet géants, Everest de purée, le tout arrosé d’un excellent vin Slovaque. S’ensuit un gâteau dont-le-nom-est-imprononçable, achevant de nous scotcher aux fauteuils du salon pendant plusieurs heures. Trônant dans ce salon, une balance permet d’évaluer combien de kilos nous avons pris après nos agapes : environ 1kg. Contrat rempli, nous pouvons prendre congé de notre hôte.

De retour à Košice, nous enchaînons sur une partie de bowling, histoire de dépenser doucement notre surplus calorique. Notre première journée en Slovaquie a été bien remplie, à tous les sens du terme.

Welcome to the jungle

« Welcome to the jungle », ainsi s’intitule notre recueil d’informations utiles, préparé par notre mentor, alias Martin la nounou. Très investi dans son rôle, le jeune-homme de vingt ans s’occupe de nous faire découvrir la ville, nous aider dans nos démarches administratives, nos premiers pas au super-marché. Car, sans surprise, aucun de nous ne parle le slovaque.

N’ayant jamais appris de langue slave, je me retrouve perdue dans une mer de mots, de phrases dont je ne capte que 2% du sens…à peine. Je me languis du premier cour de slovaque : il va y avoir du travail !

En bonne bretonne qui se respecte, mon premier réflexe est de me diriger vers le rayon des produits laitiers. Verdict, le beurre demi-sel (l’unique, le vrai, l’irremplaçable) a-t-il franchit la frontière ? Un immense soupir de soulagement emplit le magasin : affichant un sourire de victoire, je brandis fièrement ma motte d’or jaune. C’est bon, on peut continuer les courses en toute sérénité.

Lundi 18, pour la première fois, j’ai acheté un sandwich toute seule, comme une grande. « Bonjour », le type de pain, la taille, les ingrédients, « merci, au revoir ». Tout un challenge !

Contre toute attente, malgré les congères, et la neige recouvrant tous ce qui ne bouge pas, je ne ressens pas le froid. Il faut dire que n’ayant jamais vraiment connu la neige, j’avais anticipé en m’offrant pour Noël un super manteau spécial Sibérie. De temps en temps, quand le brouillard se dissipe, je distingue de ma fenêtre un monument religieux, au clocheton si caractéristique des pays de l’est. Vers six heures du matin, les sœurs font leur footing en enfilant des « tours de couvent ». Intéressant.

Les rencontres, les voyages

Dans le même esprit que l’Erasmus, le volontariat européen permet de voyager rien qu’en rencontrant des gens : Pologne, Israël, Belgique, Allemagne, États-Unis, Chili, Bulgarie, Russie et bien sûr la Slovaquie. Une même question revient sans cesse : que venez-vous faire ici ?

Comme si Košice était un trou perdu. Question de point de vue : le centre historique est très charmant, la cathédrale gothique majestueuse. Et, la ville se trouve être un nœud ferroviaire important. Au cœur de l’Europe et jouxtant cinq pays, la Slovaquie représente pour moi une piste de décollage idéale pour explorer l’Europe de l’est.

Ne perdant pas de temps, j’envisage de passer mon premier week-end à Uzhgorod, en réponse à l’invitation d’un couch-surfeur ukrainien. La ville se trouve à la frontière avec la Slovaquie, à une centaine de kilomètres de Košice. Pour s’y rendre, je partage la voiture avec  un couple de Polonais. Une autre Polonaise, également volontaire, et ma collègue Allemande sont aussi du voyage.

Instant émotion : à vingt-cinq ans passés, je n’ai jamais quitté le giron protecteur de l’espace Schengen. Mon récent passeport va recevoir son premier tampon.

À Uzhgorod co-habitent Ukrainiens, Slovaques et Hongrois. On y parle indifféremment le russe, le hongrois ou l’ukrainien (quand même). Mon slovaque débutant, me permet de communiquer un peu avec les gens. Malgré tout, durant mes premières heures passées en ville, je suis retombée en enfance. Un vieux sentiment de frustration datant d’il y a une vingtaine d’année a refait surface : je ne lis pas le cyrillique. Les lettres défilent devant mes yeux et je ne parviens pas à leur donner un sens, un son. En faisant appel à l’alphabet grec, et harcelant de questions Artem, notre hôte ukrainien, je perce le secret de ces symboles mystérieux.

J’ai eu la chance de passer la soirée avec des Polonais, un Américain enseignant l’anglais en Hongrie, une partisane ukrainienne née à Uzhgorod mais ayant la nationalité hongroise, ainsi qu’un Russo-ukrainien. Le débat va bon train.

L’immense église est coiffée de gros oignons bleus et or. Dépaysement total. Dimanche matin j’ai pu y entrer lors de la messe…orthodoxe. Prise dans le flot de la foule, je me couvre la tête avec ce que j’ai sous la main : ma casquette en tweed irlandais. C’est mieux que rien. Première étape, s’incliner et embrasser l’icône, les uns après les autres. Attention, le signe de croix se fait à l’envers. Croyant bien faire, je me suis fait avoir. Suite à cela, on peut pénétrer dans la grande nef. Je m’extirpe de la foule pour grimper un petit escalier menant à une galerie supérieure. De ce point d’observation, la vue est parfaite pour suivre les mouvements du prêtre. Coiffé d’une toque en forme de soufflé au fromage, dos à la foule et séparé du peuple par une barrière d’icônes dorés, il orchestre les chants (divins à en pleurer). J’ai pris une vidéo “volée”, où je n’ai malheureusement que le son, car sinon, je me serais fait jeter dehors un coup de pied dans le derrière.

Au retour, il nous faut passer frontière à nouveau. Autant aller de l’UE à l’Ukraine est relativement simple, autant le trajet inverse est complexe et surtout très long. Naïvement je ne m’attendais pas à cela. Heureusement, l’ambiance dans la voiture est festive et musicale : un bon moyen de faire connaissance, dans un langage universel. La file de voiture est interminable, les contrôles se multiplient, bâclés par des douaniers patibulaires, arborant treillis et chapka. 6h d’attente.

Un démarrage sur les chapeaux de roues, qui laisse présager six mois de volontariat riches en événements en en rencontres. Pologne, Hongrie, République Tchèque, Autriche, Serbie sont à l’affiche !

To be continued…

Memo

Depuis son indépendance, gagnée de manière pacifique, la Slovaquie a poursuivi une politique d’intégration dans plusieurs institutions internationales, telles que l’OTAN depuis le 29 mars 2004,  ou l’Union européenne depuis le 1er mai 2004. En 2005, le pays a été élu pour la première fois au Conseil de Sécurité de l’ONU. Depuis le 1er janvier 2009, la Slovaquie frappe ses propres euros. Košice, sera en 2013 Capitale Européenne de la culture, main dans la main avec Marseille. En tant que volontaire européenne, au centre pour jeunes RCM/ CVČ – Regionálne centrum mládeže, je serai amenée à participer aux projets de coopération entre les deux villes.

by Julie Boénec, France


Lovech, Bulgaria!

малка Луиза (Little Luisa): Where are you going?

голяма Луиза (Big Luisa) : I am going in Lovech, Bulgaria! What do you think about my project : “ Ecovacation in Lovech” ?

малка Луиза : Wow! It is great ! I love it! We will stay all time with children!

голяма Луиза : Now, I am waiting for PenKa!

малка Луиза: Penka! Who is she ? Where are you going to go?

голяма Луиза : Penka is responsible of the kids camps and the people say she is very funny. We are going in Kiten (meaning “lovely, pretty) is a seaside resort town on the Bulgarian Black Sea Coast!

малка Луиза: Is there the sea in Bulgaria?

голяма Луиза : Yes, there is !

малка Луиза : Come on !

голяма Луиза : The water is warm and I want to stay here! I don’t want to come back in Lovech !

малка Луиза: Hey! Hey ! I am child and you are adult and responsible therefore you have to come back to Lovech. ! Every time it’s the same story! Are we going to change the roles?

голяма Луиза : Mamma mia! Mamma Mia !

малка (Little) Luisa is more responsible than me !

малка Луиза: Let’s go! I’ve met a woman near the bus station. She is waiting for you!

голяма Луиза : She is Nelly! She is the director of my hosting organization and we are going in Razgrad, her hometown.

малка Луиза: It will boring! what am I going to do there? I will stay alone without kids!

голяма Луиза : Look ! There is another child in Razgrad . He is appeared when Nelly started to tell me her history, when she was child.

малка Луиза: Please ! shut up ! I want to stay more time with her child!!

голяма Луиза: Now you are irresponsible ! I am going to have lunch with Rumiana, my mentor in my school in Lovech!

малка Луиза: Sorry, I forgot that you are adult and you are serious all time! No games , No relax!

голяма Луиза: Look! I am in the garden with Rumania and she is planting tomatoes “San marzano” !

малка Луиза You are boring and banal adult ! Come on ! Your eyes start to shine when somebody shows you something Italian !

голяма Луиза : Offffffffffff! I understand ! You need to stay with other children!

малка Луиза Ah! So we will start !

голяма Луиза : Ok! The director of my school in Lovech wants to know what I will do with the children!

малка Луиза: Do you have some idea?

голяма Луиза : I don’t have specific idea, but I have got only one tool!

малка Луиза: You start again with the same story.

голяма Луиза : What kind of story?

малка Луиза : The story that you have only one tool, it is your imagination .

голяма Луиза : And?

малка Луиза : You have started to use this tool when you found your little child ! Bla ! Bla ! Bla!!

голяма Луиза: Now you are stupid, and you forgot something !

малка Луиза: what????

голяма Луиза : I’ve never found my child, because I’ve never lost my child!

By Luisa Intermoia, Italy


Un Techo Para Mi Pais

As I was approaching Bogotá’s El Dorado airport by plane I still didnt know what  was looking for here, but what’s immediately obvious is that the airport’s name evokes a different picture in your mind than what you’ll see once you step out of the plane. A concrete  jungle busy with thousands of poeple busy streets and construction sites but there are no golden streets or roofs to be found.

After two weeks of working in the office of my organization getting to know the day to day work and people who run it it’s time to go on to the real work. The work I’ve been looking froward to . Today for the first time I will build houses in one of the poor neighborhood in Bogotá.

I get up at 5:30 and we meet at 7 am at the office. One by one all the volunteers come. I’ve heard and seen that appearence is important in Colombia but i am still surprised that many of the girls wear make up today, after all im expecting pretty hard work.

Once the bus is loaded with the tools we head to the south. The streets are packed in Bogota and traffic moves slowly like molasses. A pick-up truck bulging with oranges passes our bus. And out of big speakers one of the merchants praises the sweetness, juicyness and overall perfection of his goods. We stop by a traffic light and a young man jumps in front of the cars and starts to juggle with clubs and before we head on asks the drivers for some change. Slowly we make our way and now were close to the barrio where we will work today. Long gone are the skyscrapers and pretty buildings of central Bogota they have been replaced by rather desolate houses packed with little shops for vegetables, meat or electronic devices.

We go upwards now, there are no traffic jams here but were still moving slow since the streets are not in the best shape and there are alot of turns. On the sharpest turns teenage boys are regulating upgoing and downcoming cars with handheld stop-and-go signs.

After a while we leave the last solid houses behind and the road turns from bad to worse, here’s no concrete to be seen anymore.

Finally we arrive. We’re in the barrio „El Recuerdo“ – „the memory“ and here in the outer parts of this barrio up on the hill live those who have been forgotten. By the Colombian government, and by the Colombian society at large. This is not the Bogotá the citizens want to talk about with a foreigner. The city is one of the largest growing economy hubs in Latin America and there is a lot the inhabitants are proud of. A lot they’d rather talk about than these hills and it’s inhabitants.

While working in the office on the application forms I’ve seen that alot of the people we build houses for have only lived in their barrios for one or two years. They come from Choco or Antioquia and other parts of the country, fleeing from violence or seeking a better life and wealth in the big city. Their trip usually ends here and in other outer parts in the south. And they too find that their roads aren’t made of gold. The hills are scattered with shacks made of everything you can imagine, from old plastic to pieces of wood,  metal sheets and even fabric.

The bus cant go on since workers are building a canal and a quarter of the road is dug up. We take the tools and walk. I’m in a team of six, Yoyo, Diego, Monica, Oscar, Paola and me. Through dusty tracks we find our way to the family whom we are working with today. We introduce each other. Martha the mother and her four children are present, the husband is at work. The ground where we will build is very uneven and Yoyo our „captain“ and I go to work to measure the area and to look where we will put the first post. The new house will be directly in front of the families current housing facility – a shack of wood and rusty metal sheets too low to stand up straight.

from where we work there is a great view to the north but but the center and the wealthy northern parts of the city lie in a mist and seem unreachable from here. _For most of the people living here they are. Out of the neighboring shack blasts the traditional music from the coast Vallenato and Salsa music. A neighbor a little way down is competing with more current music styles – Reggeaton and colombian Rap.

We go to work and start digging the first hole for the post. The two boys, Jaime, ten and Felipe, eight while being shy at first are proud that they can help and start warming up to us. The girl of six years is taking care of her babysister.  We only have very basic tools and the measuring of the post’s height is done with a water filled tube by adjusting the water level on one end to the height of the first post and comparing it to the height of the other posts. Yoyo explains them what we are doing and tells them about Archimedes. When we are measuring the rectangle he’s telling them about Pythagoras. The kids like that and get more curious. The other guys of our crew are carrying material we will later need whileYoyo and I are digging. As soon as they are done they join us. After several hours we have dug the fifteen holes for the posts and all of them are at the same height. Two neighbor boys, Nelson and Andres about twelve and fourteen years old help us now. Their family will get a similar house once this here is finished.

At about two we have lunchbreak. Martha prepared a delicious meal of lentils and rice. We talk a little bit and take some time to relax. The sunrays here at more than 2500 meters are intense and while it’s not hot due to a constant wind I realize that it was very stupid not to take any sunblocker or hat with me.

As we get back to work I’m very glad the digging part is over because my arms hurt from the work. Three pre-fabricated wooden boards – together 6,10 meters in lenght and 3 in width – will be the floor of the house. A house of 18 squaremeters. I knew the number but didn’t have a real idea how big that would be. Now I see it’s a little smaller than my bedroom in Vienna. Soon it will be the home for a family of six.

After the floor is done we start to assemble the walls. This work while still not easy is nothing compared to the digging and we are pretty quick. As the sun goes down at about six we have finished the house apart from the roof and the door. As it gets darker lights go on in the city, here in the barrios it takes a little longer since electricity is expensive but after we said „by“ to the people we worked with and we make our way back to the bus an amazing view reveals itself. The mists of the morning are long gone and millions of city lights way up to the northern parts glimmer and shine as far as the eyes can see. A view you can’t even buy with the highest appartments in the richest parts of the city.

Hands full of blisters and the head full of new impressions I’m on my way home.

Saturday getting up at 5:30 again is easier than I thought it would be. At 8:30 we’re in the south again. We split the team and at the moment I start working with Nelson and Andres, the neighbors who helped yesterday to, work on their house. Digging again I feel the work of yesterday in my arms and the ground seems to be harder than Martha’s. In the afternoon we’re changing and I’m helping at Martha’s house again to learn how to assemble the roof. When the roof is finished two guys are installing the door and I go back to the other site. As it gets dark we have almost finished the second house and Yoyo and Diego are coming down for the rest of us. Martha’s house is finished. Everybody who helped signs his name on a certificate. We nail a small ribbon in the colors of the Colombian flag to the door. With a scissor Martha cuts it apart and now enters the finished house for the first time. As Yoyo hands the certificate to Martha she starts to cry. We take some pictures together and then say goodbye. Its dark and we have done our work for the day.

As we leave I look back at the house once more. It’s not perfect, the wooden walls are very thin and a little wind will definitely find its way through some cracks. electricity is still not reliable and they still have to bring water with a bucket from the hilltop. But they don’t have to buckle down in their own home anymore the new house is hight enough to stand up straight. And most important; with the house the organization has gained the trust of the family. After two days of hard work they see the fruits of their labor and convincing them to participate in other projects to advance this neighborhood will be easier now. And thus maybe the children will find the way into the city that we are going now as we leave.

by Michael Franc, Austria


Avis de tempête

« Je suis à Berlin ! » Zoé se sent enivrée et dans une euphorie qui l’emplit soudain toute entière ! Cette gare bat au rythme endiablé de son coeur, cette ville mythique qu’elle aperçoit déjà derrière les baies vitrées immenses. Elle a comme une impression de mettre un pied dans l’histoire. Si spontanément, embarquée dans un tourbillon de vie qui s’accélère, elle a quitté sa Bretagne, d’un seul coup, elle est partie. La route. L’excitation de voyageuse qui la gagne. « Je suis à Berlin ! » Elle n’en reviens toujours pas tant elle se sent ivre de cette ville. Berlin, coup de foudre. Elle sait déjà que tout l’entraine, ce vent de tempête bretonne si fort à l’intérieur va souffler en tous sens dans son escapade berlinoise improvisée. La jeune fille marche à côté de lui. Il a l’air d’un voyageur lui aussi. Sa barbe, ses longs cheveux, son regard magnétique sur le monde, son sac à dos imposant. Sans raison, Zoé lui fait dès le premier instant une confiance immense, elle ne le connait pas. On ne sait quelle force la pousse soudain à le suivre, à lui parler. « Je le ressens, nos chemins doivent se croiser ici » pense t-elle en le regardant intriguée. Tout est vécu dans l’instant et elle se laisse porter par ce délicieux sentiment de suivre ses intuitions du moment si légères et si fortes pourtant. Ils échangent quelques mots. Il a une allure rapide, saccadée, il a l’air perdu et pourtant il est chez lui. Il, ne sait plus rien du tout, c’est comme s’il ne reconnaissait pas toutes ces rues et ces ambiances qui lui étaient familières. Elle se lance dans une discussion enflammée, elle a tant d’énergie, elle est si euphorique d’être là, de tous les détails de cette ville, il reste très silencieux. l’accent français de Zoé. Il sourit, charmé de ces paroles hasardeuses au tintement d’exotisme. Chez lui, dans un vieil appartement chaleureux de Berlin-Est, tout est si étrange. Zoé est assise avec lui et ses parents à la table en bois de la cuisine, elle rayonne, ensemble ils boivent un chocolat chaud. Il est comme un enfant, de retour enfin chez lui. Il leur raconte un peu l’Argentine, du bout des lèvres ses trois années d’exil, de voyage, mais les mots ne viennent pas. Simplement être là… Aujourd’hui, elle parle avec ces inconnus, de ce mur, juste en bas de leur fenêtre. De la joie qu’ils ont eu il y a 20 ans de cela, quand ils se sont embrassés, perchés sur les restes d’une brisure de l’histoire, au milieu de cette foule. Ce sentiment de liberté. Un frisson les parcourt. Les souvenirs et les projections fascinées s’entremêlent dans le silence. Il a comme l’air absent. Elle se dit soudain « Je ne sais où je suis, comme c’est troublant cette scène ». Zoé aime à tricoter le quotidien de fils imprévus de folie délicieuse. Elle improvise, et décide de lui couper ses cheveux hirsutes de vagabond dans cette salle de bain bleue. Elle rit. Les mèches tombent en pagaille. Sa mère les prend en photo avec un vieil argentique. « Clic », c’est un moment d’une étrange beauté poétique. Le ciel s’assombrit de façon anormale, il marche vite, il sait ou il va. Dans sa tête elle se murmure: « Moi je suis prête à suivre ce fascinant chevalier berlinois où qu’il aille, partout dans cette ville qui me rend folle. Je suis ici pour suivre ce vent qui m’entraine, je crois en fait pour le suivre lui, cet intrigant personnage ». Il l’emmène sur sa mob’ à une technoparade qui a lieu dans un boulevard géant. Des chars peinturlurés à perte de vue. Les berlinois se déchainent. Le vent se lève soudain par bourrasques très fortes. Les gens se tournent vers le ciel qui se déchire, qui devient bleu-noir et magnifique. Un souffle. Un violent coup de tonnerre retentit puis ils sont entièrement trempés par une pluie torrentielle. La foule est d’abord surprise et se cache, puis c’est une transe générale et incroyable qui s’empare d’elle. Ils dansent toute la nuit, la musique les ensorcèle de ses rythmes saccadés, dégoulinant de pluie, ils sautent à pieds joints dans la boue et les flaques d’eau, rien n’a plus d’importance, elle sent un bonheur gigantesque s’emparer d’elle. « Je vis ». Nos voyageurs roulent tous les deux en zig zag sur cette mobylette orange qui semble dater d’une autre époque. Le temps n’existe plus, il s’est évaporé dans cette nuit berlinoise de folie foisonnante. Il conduit vite, ils ont bu, elle rit aux éclats en inspirant l’air froid qui sent la neige à plein poumons. Elle le tient par la taille et sa chaleur la réchauffe. « Je sens ce vent qui souffle toujours tellement fort en moi et qui m’entraine ! » Il roule de plus en plus vite. La vitesse la grise. « Youhouuuuu !! » elle a envie de crier sa joie à tous les passants. Un petit vent frais s’engouffre sous sa robe verte détrempée dénichée dans une friperie l’après-midi. Soudain, un renard roux passe juste devant eux en trottinant, sur la large route. Brusque coup de frein, elle reste éberluée sur ce trottoir, ses genoux saignent, sa tête cogne et Zoé regarde l’animal magnifique s’éloigner, toute fascinée de sa présence féerique au beau milieu de cet accident. La mobylette est complètement hors d’usage, Zoé et lui la trainent lourdement dans les petits chemins près du canal en direction de la maison. Un homme là-bas, un de ces hommes du monde des démunis qui peuplent Berlin de leurs âmes à la dérive, est allongé au bord de l’eau. Il écoute de la musique classique sur un petit poste de radio et chante très fort. Ils ne distinguent que sa silhouette en ombre chinoise d’un grand drap rouge qui lui sert d’abris. En arrière plan, des péniches à l’abandon semblant dormir sur l’eau, recouvertes d’objets de ferrailles de toutes sortes, qui leur donnent des allures de fantôme. Elle se sent bizarre dans cette atmosphère de petit matin si glaciale et si belle. Encore sous le choc, ils ont marché dans les rues, ils se sont perdus. L’Argentine, le temps d’un autre espace à parcourir, et la carte de Berlin s’est évaporée de sa mémoire. Ils ont toujours un peu mal partout et avancent hagards sur les boulevards berlinois encore sombres. L’aube pointe déjà fraichement sur les branches des arbres qui bordent les larges trottoirs. Le premier tramway jaune passe sur ses rails suspendus dans son manteau de graffitis. Il se détache si bien sur le ciel, on dirait un petit train comme un jouet d’enfant. Elle parle dans un souffle et s’amuse des nuages de buée qui se forment dans sa bouche et qui sentent l’aventure « Nous sommes perdus », elle s’enveloppe dans sa veste en cuir et dans un sentiment furtif de perte de repères, de fuite en avant. «J’ai froid». Il est perdu lui aussi, ailleurs, il s’égare dans un lointain qu’elle n’arrive pas à atteindre, il est encore là-bas. Sans s’en rendre compte, il lui parle espagnol, elle, est ancrée dans le présent… Il a le regard du voyageur sans retour et elle le trouve simplement touchant avec ses cheveux coupés n’importe comment. Et ils marchent dans Berlin comme deux notes de piano suspendues. Ils arrivent au hasard dans une rue déserte, où tous les immeubles ont été tagués et décorés de drapeaux. Les fenêtres sont cassées. Il n’y a personne et pourtant on a l’impression que les murs sont vivants tant ils sont emplis de rage. Tout est à l’abandon mais revit de l’intérieur. Les habitants de ces lieux veulent vivre simplement dans l’anarchie de leurs idées marginales et passionnées et cette rue entière respire de ces visions pleines d’utopies. Zoé se sent comme dans une parallèle du monde qui les entoure, dans une parenthèse de vie rebelle et libre, elle lui sourit, et avec ses yeux lui offre son plus beau « Danke ». Et puis tout à coup, comme dans un film au ralenti, une pluie de sous vêtements leur tombe sur la tête. ils les regardent se gonfler comme autant de petits parachutes intimes qui leur dégringolent dessus. C’est surréaliste. Zoé se met à danser à nouveau sous cette pluie invraisemblable. Un couple nu au dernier étage, hurle et se frappe, se déchire et, dans les volutes droguées de leur dispute, ils n’en finissent pas de balancer de rage, leurs affaires par la fenêtre. « Je ne veux pas voir cela, leur déchirement, je trouve cet instant simplement beau ». Elle est toute à ses pensées d’émerveillement quand il donne un coup de pied impressionnant dans la mobylette, la laisse là comme une épave orange dans le caniveau gris et se met tout à coup à pleurer. Il attrape vigoureusement Zoé par le bras et l’entraine en courant. Il court et pleure toujours, si fort, il la tire, Zoé ne comprends pas ce qu’il a, il est tout secoué de sanglots et elle est trop essoufflée de courir ainsi follement sans but. Après l’accident, tous ses membres lui font mal. « Je voudrais m’arrêter, je n’en peux plus », elle le suit pourtant. elle continue de le suivre. confiance profonde, et Zoé ne sait pourquoi, elle se sent happée par lui. Par cette force de vie qui l’a amenée à venir jusqu’ici, si fougueusement. Mais cette force là l’emplit peu à peu d’un sentiment de doute. « Je ne sais plus vraiment ce que je fais là dans cette friche industrielle ». Ils courent au milieu de bouteilles de bières vides qui roulent dans tous les sens sous leurs pas. Il y a encore l’odeur de la nuit qui flotte dans ce lieu étrange, dans ces anciens hangars de réparation de train transformés en lieux des nuits berlinoises alternatives. Les clubs électro effrénées sont vides et les salle de concert punk désertées. Les derniers fêtards sont allés se coucher. Seul un jeune homme dors sur un canapé éventré laissé là au beau milieu de tout. Il est trempé, sa tête tombe sans cesse toute seule dans son sommeil sans fond et dans ses rêves encore alcoolisés. Les murs des entrepôts sont transformés en mur d’escalade, chaque minuscule parcelle a trouvé son nouvel élan de vie. Dans un arbre, on a monté une cabane éclairée par des guirlandes d’ampoules colorées. C’est une terrasse de café fantastique. « J’aime plus que tout la poésie soudaine de ce lieu magique. Je voudrais être à cette table, maintenant, je voudrais être là, tout en haut avec un thé et un roman génial. » Instant de beauté imaginaire. Seule la magie transparait et ces pensées furtives lui font disparaître juste un petit moment cette boule d’angoisse qui lui tord le ventre sans qu’elle ne sache pourquoi. L’endroit était pour elle à l’instant majestueux mais son regard change peu à peu et Zoé lui trouve finalement un air des plus lugubre. Il la regarde soudain avec ses yeux rougis par les larmes qui n’en finissent pas de rouler sur ses joues sans raisons. Il a une sorte d’hystérie de pleurs qui le gagne, il la regarde avec un regard qui la glace. Il paraît hors de lui-même. « Je me sens toute petite, je ne sais que faire, je voudrais le consoler, le comprendre, le connaître déjà, si seulement… » Et puis non, le connaître, s’approcher un peu plus près de son lui profond qui se dérobe sous ses yeux, à cette simple idée elle est à présent terrifiée. A son tour, elle ne sait plus rien. Zoé regarde autour d ‘elle et ne trouve plus rien de poétique. Elle s’assoit sur les vieux rails de chemins de fer défoncés par le temps. Tout est glauque et affreusement angoissant. Il l’a entrainée jusqu’à ce lieu désaffecté sans le savoir, comme pris dans son élan à lui, dans sa tempête intérieure qui le dépasse. C’est le tout début de matinée et des pigeons se battent pour la place au soleil du pont rouillé qui passe au dessus d’eux. Des plumes volent dans les rayons de lumière. Les berlinois dorment profondément dans le calme de la ville tout autour. « Moi je suis dans les contreforts du calme », imagine t-elle dans une panique qui s’empare d’elle, et ce calme la fait trembler de tout son corps. Elle pense étrangement qu’ils font tous les deux partie du silence. Il a toujours ce regard tellement emplit de désarroi et qui se transforme en haine et qu’elle ne comprends pas. Il souffre, elle le voit, « mais je ne sais qui il est, maintenant il me fait peur. Je veux rentrer chez moi, je veux juste rentrer chez moi », c’est comme une obsession qui la gagne, « laissez moi ». Cet attrait pour l’inconnu qui la fascinait tant lui enserre à présent les entrailles. Une sensation de chute. happée par un vertige incroyable quand il s’agrippe une nouvelle fois à son bras pour l’emmener dans un autre part qu’elle ne veux plus découvrir. Le vent de Bretagne lui souffle en tempête dans les oreilles, « je l’entends siffler dans les impressionnants rouleaux qui s’écrasent dans ma tête. » Ce vent là est devenu si violent. C’est celui qui secouait les pêcheurs dans leurs insomnies islandaises gelées, celui qui les ramenait morts sur les côtes sauvages. Un éclair de temps illumine soudain ce visage déformé par une sorte de rage, ce regard, cette flammèche de folie. Fuir, devenir points de suspension. « Je me trouve maintenant en haut de cette vague immense dans cette mer déchainée », le temps ralentit soudain, il s’étire et s’allonge dans l’espace, elle peut le saisir au vol qui s’égrène lentement dans sa peur. Et elle voit tout, bloquée dans sa terreur paralysante. Elle sait, elle en étouffe dans cet interminable arrêt sur image écumeux. Elle comprend seulement maintenant le danger de cette fascinante tempête qu’elle suivait aveuglement. Zoé croyait naïvement écouter le chant du vent du bonheur de l’instant. Et puis elle n’entends plus rien. Le vent s’est arrêté sur ces rails abandonnés.

by Fenard Manon, France


Volunteering is living

Il mio nome è Fabio, ed ho 19 anni. Vengo da un piccolo paese,di nome Alberobello,che gode di una buona fama nazionale ed internazionale. Ho terminato quest’estate i miei studi ma,da qualche anno a questa parte,l’estate la trascorro al negozio dei miei. Un negozio di souvenirs che, per le ragioni precedentemente citate, lavora principalmente coi turisti. Da qualche anno a questa parte,ho l’abitudine di parlar con loro in varie lingue,ed in alcuni casi di conoscerle discretamente. Quest’attività è stata però solo lo stimolo che m’ha portato a studiare le lingue ed interessarmi ad altre culture,oltre alla mia abitudine a vedere il vuoto ed il negativo in tutto ciò che è usuale. Ma torniamo all’inizio. Quest’estate ho terminato il liceo linguistico,ed il mio primo impulso è stato quello di far esperienze all’estero. Ho quindi anteposto l’esperienze che avrei potuto fare in un gap year (anno sabbatico) all’università, che avrei probabilmente scelto con un’improbabile estrazione del bigliettino. Non avevo idea della disciplina verso la quale rivolgere i miei studi ed a cui dedicare il mio tempo,ma sapevo di voler viaggiare. Dopo essere stato per circa 20 giorni in Belgio,ho deciso,a settembre,di intraprendere la strada del volontariato,nonostante i molti dubbi ed incertezze che m’assillavano. Devo essere sincero: “Certamente se devo far volontariato, almeno lo faccio all’estero”. Questo fu il mio primo pensiero. Sapevo di voler lasciare la mia realtà limitante ed alienante,ma non sapevo che mi sarei invaghito d’ogni singolo aspetto di questa esperienza. …Quanto può essere dolce,la novità. Dopo aver mandato pochissime applications, vengo finalmente preso in un evs in Polonia. Parto il 3 novembre e,inaspettatamente,arrivo solo il giorno dopo. Sì, avevo perso troppo tempo a Praga,precludendomi così la possibilità di giungere a destinazione nel tempo previsto,col treno previsto. Va bene,sono un provinciale. Ma proprio perché sono un provinciale,solo cinque,sei giorni dopo il mio arrivo in Polonia,scrivevo sul mio quaderno degli appunti: ”un alone di dolcezza accarezza i miei pensieri,un velo ora stropicciato ricopre una passione finora negata, repressa.” Sono un provinciale,ma proprio per questo quando vivo queste emozioni(era la mia prima volta completamente solo all’estero) non posso che gioirne ed apprezzarle come molto non riescono. Durante il tempo trascorso in Polonia,oltre ad uscire davvero soddisfatto dal confronto con un realtà e gente completamente differenti da me,ho imparato diverse cose. Ho imparato che noi italiani siamo vittime di molti pregiudizi,ma anche che molti individui miei connazionali non fanno nulla per abbatterli. Ho imparato che ci si può capire e trasmettere affetto anche senza comunicare,come accadeva con gli anziani al social center. Ho imparato che amo parlare con tutti e conoscere tutti, a dispetto della mia timidezza di fondo. Ho imparato che un keniota può aprirti un mondo,e portarti a riflettere su dinamiche e temi di cui precedentemente ignoravi l’esistenza. Ho imparato che insegnare ai giovani è molto difficile,poiché ascoltare è cosa da persone mature. Ho imparato ad essere un po’ più impulsivo e pormi meno domande e porne di più agli altri,prima che l’occasione di conoscere qualcosa di nuovo si perda,a causa di una misera pigrizia. …“Chiedere è vergogna di un attimo,non chiedere è vergogna d’una vita”… E infine, Ho imparato che ci sono tante critiche da muovere al nostro bel paese,ma quando si tratta di fare una presentazione power point su di esso,ti rendi conto di quanto fossero limitanti i quaranta minuti a noi consentiti. Gli altri volontari integravano le presentazioni con delle clip,mentre io annoiavo per tre quarti d’ora 30 studenti in media a settimana,spiegandogli tutti gli aspetti del nostro Paese,così variegato ed in perenne contraddizione con se stesso. Per me questa esperienza all’estero è stata un corso accelerato di vita. L’apprendimento è vita,ed io ho imparato molte cose,in primis la relatività del tempo. Seppur destinate a terminare,queste esperienze rimangono e vanno a creare la necessità di far altre esperienza.E’ è un piano inclinato,e chi esce dal proprio guscio inizia a vedere ogni aspetto del reale come non ha mai fatto prima,fino a volerne sapere sempre di più. Detto questo,consiglio a tutti quest’esperienza,perché è davvero uno stimolo ad uscire dall’apatia di cui la ripetitività è la principale causa.

Volunteering is living.

by Fabio Mascialino, Italy


Lobeda, Deutschland, luglio 2010

La Turingia, il cuore verde della Germania, e una piccola città universitaria: Jena. L’idea iniziale sarebbe forse stata quella di fare la mia esperienza di volontariato SVE in una grande città, magari nella multiforme e stimolante capitale tedesca. Invece la risposta positiva è giunta da questa cittadina, ai più sconosciuta.

Dopo avere verificato su google maps l’esatta collocazione ho prenotato il consueto volo lowcost Rayanair con destinazione Berlin. All’aeroporto sono venute ad accogliermi con un furgoncino due persone che, col passare del tempo, sarebbero diventate due modelli di vita interessanti. C. e F.: sulla cinquantina, testimonianza vivente del complicato stile di vita degli anni della DDR. Lavorerò con F.: alto, snello con lunghi capelli grigi raccolti in una coda, occhiali da intellettuale, rigorosamente vestito di nero e con uno sguardo dolce ed al contempo grave. Si parla molto durante il viaggio, in tedesco, lingua che già conosco, ma che devo comunque migliorare ed approfondire. Uno dei motivi per cui mi trovo qui, seduta sul sedile posteriore di questo furgoncino.

Dopo alcune ore di viaggio arriviamo a Jena: una cittadina senza troppe pretese, circondata da alte colline ed immersa completamente nel verde. Questa natura rigogliosa e potente mi colpisce. Se solo anche nel nostro paese avessero avuto un poco più di rispetto per l’ambiente naturale, nei pressi della mia casa natale, in Italia, non ci sarebbero mostri di cemento, ma zone verdi con le quali l’uomo può realmente stabilire una connessione fisica e metafisica, una sorta di vero e proprio panismo. Non voglio però scadere nell’essere freak.

Il nostro furgoncino non si ferma però a Jena centro, ma procede verso il quartiere della città presso il quale abiterò per circa 12 mesi (non dico un anno perché questa parola mi incute un po’ di timore, scandire il tempo in mesi e settimane è molto più rassicurante e privo di un lacerante impatto immediato).

Torniamo a noi. Il quartiere si chiama Lobeda e si configura come un ehmaligen DDR-Stadtteil. Al primo impatto mi sembra sconfinato: file e file di enormi palazzoni si susseguono imponenti e sconvolgenti. Non riesco nemmeno approssimativamente a contare quante finestre sono presenti in una facciata di un solo condominio. Nemmeno riesco a scorgere la fine dell’edificio. Mi pare improvvisamente di non trovarmi più in Deutschland, ma in una qualche periferia degradata in Russia. Mi ritornano alla mente quegli edifici che ho avuto modo di vedere in un viaggio fatto appunto in Russia con mia madre. Sempre mi ero chiesta, e anche oggi mi pongo questo interrogativo, come la mente umana ha potuto progettare un simile sistema abitativo. Dà certo la possibilità a tante persone di avere un tetto sotto il quale vivere, ma si tratta di abitazioni totalmente spersonalizzanti, definibili oggi non luoghi oppure sì luoghi, ma privi di personalità. Che annullano peraltro anche la personalità e la creatività di chi vi abita. Una meschina mossa di un regime che anche tramite l’architettura intendeva manipolare le menti del popolo.

Dopo questi voli pindarici della mente, metto i piedi per terra (perché effettivamente scendo dal furgoncino e sto per entrare nel mio futuro Block, numero civico 18) e realizzo appunto che questo luogo ameno sarà la mia futura casa. L’aspetto comunque positivo è dato dalla ingente quantità di verde che circonda la zona e il sole, tondo e feroce, splende senza paura.

F. gentilmente mi aiuta a trasportare la valigia al terzo piano (e tiro un profondo sospiro di sollievo perché l’edificio ha all’incirca tredici piani) ed entriamo, capitanati da C., nel famigerato appartamento che peraltro si trova nel bel mezzo dei lavori di ristrutturazione. Sull’uscio, con un sorriso tra il dolce e il sinistro, ci attende una giovane ragazza dell’est europeo, dai capelli decisamente colore carota, che mi abbraccia e mi dà il benvenuto. La mia futura coinquilina dall’Estonia, personalità che avrò poi modo di scoprire appieno nei mesi a venire.

Il nostro povero WG non si presenta molto pulito: bottiglie di birra e spazzatura abbandonata nella cucina, piatti da lavare nel lavatoio, il bagno umido e cieco con la muffa sul muro vicino alla doccia, la tavoletta del WC scrostata e mezza tranciata, la moquette della mia camera da letto è vecchia e strapiena di polvere … Il mio pensiero è chiaramente: “No, io qui non ci sto. Questa non è la Germania ordinata e pulita che ricordavo. Me ne voglio andare, voglio tornare nella mia Italia!!”

Sarà pure banale, ma le impressioni col tempo veramente mutano e concretamente la vita si trasforma in un qualcosa che non avresti mai immaginato. Questo primo impatto di SVE, un poco disastroso, si è realtà trasformato in una delle esperienze più edificanti, e al contempo divertenti della mia vita. Non esagero ragazzi!

In questi mesi trascorsi a Jena ho avuto innanzitutto la possibilità chiaramente di approfondire la conoscenza della lingua tedesca e soprattutto sono entrata umanamente in contatto con persone incredibili provenienti da diversi luoghi, sia europei che extraeuropei. Ho avuto realmente la splendida occasione di potermi confrontare: solo dal proficuo contatto con uomini con idee dissimili dalle proprie si può giungere alla creazione di una società pacifica, in cui individui completamente differenti tra di loro si compenetrano e si completano.

Non è sempre facile (quante volte ho ironicamente pensato di strozzare la mia coinquilina estone perché lasciava spicchi di aglio nel bagno per curarsi dal raffreddore!), anzi un tempo pensavo fosse utopico.

Ora il mio punto di vista è decisamente cambiato e penso che una convivenza effettiva tra popoli diversi sia costruibile, con sforzo, pazienza e positività. Ritengo che in realtà il segreto sia sostanzialmente banale e noto ai più: siamo semplicemente tutti uomini. Nasciamo, cresciamo, necessitiamo di sonno e nutrimento. Amiamo, odiamo, soffriamo, gioiamo. Insomma viviamo, come un amico incisamente mi disse in un momento di assurdo imbarazzo (ma questa è un’altra vicenda). Frase lapidaria che contiene in sé già tutte le multiforme e sfaccettate risposte.

Non l’avevo capito forse prima? Forse sì. Il pensiero già aleggiava nella mia mente ma ancora non aveva preso coscienza di essere un qualcosa di concreto. Per cui ora, grazie a questa esperienza di volontariato, ho preso realmente coscienza. Riesco a vedere il mondo da un’altra angolazione. Posso ora a pensare diversamente. Se fossi rimasta in Italia la mia mente avrebbe continuato a correre su ben altri binari.

Per cui grazie Florence, Kevin, Andrea (uomo), Rafael, Leene, Felipe, Fritz, Conny, Isabel, Renè, Raphael, Annegret, Andrea (donna), David, Simone, Benjiamin, Manuela, Daniela, Oliver, Diana, Alì, Nora, Julia, Gabor, Wladimir, Jana, Nella, Dooa, Yvett, Nabil, Roksane, Daniela, Elisabeth, Gabriela, Yvonne, Marie-Louise, Corinne, …

E grazie anche a te Lobeda, che con le tue mostruose sembianze mi hai fatto comprendere che l’uomo, in caso di necessità, riesce ad adattarsi ad ogni cosa per potere continuare la sua esistenza.

E talvolta nell’orrendo vi trova anche qualcosa di esteticamente gradevole.

by Giulia Bagnara, Italy 


Une expérience inoubliable!

Le project

Le CEAS (Centro de Estudios y Acción Social) est une organisation équatorienne située dans la province du Chimborazo. Cette association est aujourd’hui devenue un symbole du mouvement populaire indigène, afin de protéger les communautés et faire valoir leurs droits. La situation du CEAS est assez fragile, l’association ne reçoit pas de fonds du gouvernement. Elle fait des demandes de financement aux pays européens mais les démarches sont lentes et coûteuses et les réponses souvent négatives. De l’autre côté de l’océan, en Belgique, Quinoa est une organisation non-gouvernementale située à Bruxelles qui a pour but d’éveiller les consciences en donnant la possibilités à tous de pouvoir partir dans un pays du Sud sur un chantier humanitaire. Le but ? Changer de regard et prendre conscience des enjeux mondiaux, du déséquilibre de notre époque et de la mal répartition des ressources… Le partenariat entre ces deux associations a donné naissance à des chantiers en Équateur, destinés à tous, gérés par les volontaires eux-même du début à la fin, afin de partager les différences et éveiller les consciences directement par sa propre expérience. Cette année, l’association équatorienne a mis en place un projet de reforestation dans une petite communauté indigène dénommée Santa Teresita. Le but de ce projet est de développer les ressources de la communauté en plantant des arbres de différentes essences afin qu’à moyen terme, la communauté puisse bénéficier directement de ses propres ressources. Cette action a pour but principal de restaurer et renouveler les ressources forestières dans les zones de la province qui sont les plus menacées. Pendant que le CEAS était en train de créer le projet en faisant des études de terrain, en créant des liens avec la communauté et en préparant note venue, de l’autre côté de l’hémisphère, Quinoa était à la recherche de deux responsables pour ce projets. Après avoir examiné consciencieusement les enjeux que cette aventure représentait, je me suis engagé en tant que volontaire responsable du projet au début de l’année 2010. L’aventure avait commencé…

L’organisation

En tant que responsable, il fallait trouver cinq participants afin que ce projet soit viable. Écoles, Universités, campagne de sensibilisations, soirée d’informations etc. ont été nécessaires de visiter ou de mettre en place afin de trouver les participants indispensables à la viabilité du chantier. Mais cela n’était pas tout, il fallait récolter une somme d’argent qui permettrait de financer ce projet.

En équipe, nous avons organisés des brocantes, des ventes diverses, des soirées d’informations afin de récolter une somme convenable de minimum trois mille euros. Le travail a été dur, l’engagement personnel conséquent mais la volonté d’y arriver à été notre moteur de réussite. Nous avons mis en place un site internet afin de vendre des arbres virtuels, arbres qui représentaient évidemment ceux que nous allions plantés dans la communauté. Cette merveilleuse idée nous a permis d’atteindre notre objectif. Le site internet a été un véritable succès. La récolte de fonds menée par le groupe Quinoa est primordiale pour la réalisation des projets car le partenaire local dispose de peu de ressources. Six mois ont été nécessaires pour mettre en place le projet, six mois durant lesquels le groupe formé s’est soudé, tous ensemble avec le but de mener à bien ce chantier, tous ensemble. La récolte de fond qui a été menée à bien pendant ces quelques mois en Belgique a permis l’achat de dix-huit mille arbres.

L’engagement

Avec ma «coresponsable», notre engagement était total. Nous étions convaincus que ce projet en valait la peine et qu’il fallait nous battre pour le mener à bien jusqu’au bout. En plus de la recherche de participants et de la récolte de fonds, nous avions des formations théoriques et pratiques au sein de l’association Quinoa.

Ces formations avaient pour but de sensibiliser les responsables sur les différences économiques, sociales et culturelles entre les pays du Nord et du Sud. Le but était de se préparer au chantier mais aussi de prendre conscience sur les inégalités que notre époque connait actuellement. Plus qu’un simple but informatif, les formations visaient à nous sensibiliser concrètement sur ces différences par le biais de l’information théorique évidemment mais aussi par des exercices de mise en situation. Cela nous a permis de comprendre simplement comment nous en sommes arrivés à ce point-là et surtout d’essayer de nous responsabiliser en nous faisant prendre conscience que nous sommes tous acteurs au changement, notamment grâce à un simple petit geste quotidien qui peut soulever bien de montagnes…

Ces formations se voulaient optimistes, apportant un air de fraîcheur au discours universel trop souvent monotone stipulant que nous ne pouvons rien faire pour que la situation mondiale change. Mon engagement personnel a toujours été vif mais j’avoue que ma participation à un processus Quinoa m’a réconforté dans mes positions.

Afin de consolider et de préparer le groupe, nous nous sommes engagé comme volontaire dans une ferme biologique située dans le Sud de la Belgique pendant un weekend, deux semaines avant notre départ pour l’Équateur. Cette initiative avait pour but de déjà vivre en groupe dans des conditions simples. L’exploitant de la ferme de Jambjoûle qui se situe à Villers-sur-Lesse, près de Rochefort, nous a accueilli les bras ouverts. C’était vraiment l’occasion de se connaître, certains d’entre-nous ne s’était jamais rencontrés ! Le cadre idyllique l’était d’autant plus que le beau temps nous accompagnait. Le groupe a commencé par une activité de maintenance de la pépinière (semis, désherbage, binage, préparation de la terre, labourage, montage de la serre et entretien). Nous avons ensuite participé aux activités liées à la fromagerie (explication de la préparation du lait pour en faire du fromage). Après cette première journée éreintante, nous nous sommes baignés avec toute la famille dans l’eau glaciale de la petite rivière qui coulait non loin de là, frisson garanti ! La soirée s’est terminée en danse et en chants populaires sous un ciel étoilé qui rendait ce moment de partage encore plus magique…

Le voyage

Nous sommes partis début juillet pour l’aventure en Amérique Latine. En groupe, nous avons pris l’avion pendant plus de quinze heures avant d’atteindre la terres des Incas, les Andes équatoriennes. Dès notre arrivée le partenaire local nous a accueilli grands bras ouverts. Après deux journées de formation (théorique et pratique) avec les membres du CEAS dans le «vivero» (pépinière de l’organisation), nous nous sommes rendus dans la communauté de Santa Teresita pour une durée de trois semaines, en vue d’y planter les différentes essences de plantes (médicinales, arboricoles et fruitières). Le chef de la communauté nous attendait avec impatience. Nous avons organisé une réunion avec toute la communauté et les membres de l’association locale dans le local communautaire. Le responsable du CEAS a retracé les grandes lignes du projet en expliquant les objectifs à court et à long terme. Il a également expliqué notre rôle, la récolte de fonds menée par le groupe en Belgique, les objectifs de notre séjour et notre implication générale dans le processus Quinoa. Chaque membre du groupe et de la communauté a eu l’occasion de se présenter. Un relais a été assuré par les responsables pour traduire du Français à l’Espagnol puis en Quichua, la langue locale. 

La communauté s’est organisée en cinq groupes. Nous avons dû donc nous diviser en cinq afin qu’il y ait au moins un membre du groupe Quinoa dans chacun des groupes. Dès le lendemain, ces cinq groupes se sont réparti les tâches des plantations, que ce soit en terrains familiaux ou communautaires. Avec le groupe de volontaires, nous organisions souvent des réunions de mise au point, afin de soulever les éventuels problèmes et d’améliorer certains points si cela s’avérait nécessaire. Nous avions aussi des évaluations hebdomadaires avec le partenaire local en leur siège implantée dans la ville de Riobamba. Ces évaluations étaient nécessaires afin de mettre sur la table l’état d’avancement du projet. 

Description du quotidien des familles:

Chaque membre de la communauté commence sa journée dès le lever du soleil, aux alentours de cinq heures du matin. Les premières tâches de la journée consistent à traire les vaches et s’occuper des animaux : le bétail est attaché à un piquet qu’il faut déplacer matin et soir. Ensuite, ils s’adonnent aux différentes tâches journalières en fonction des besoins : entretenir les cultures, préparer la terre, récolter, couper du bois, soigner les animaux du ménage (chiens, poules, cochons d’inde), cuisiner, etc.

Le repas de midi est partagé en communauté lors des «mingas» (travail communautaire) et consiste principalement en différentes préparations de féculents (pommes de terre, riz, fèves, maïs) avec parfois des œufs. L’après-midi, les tâches reprennent jusqu’à environ 16h. Certaines personnes de la communauté profitent alors pour se retrouver sur la place principale afin de s’adonner aux jeux communautaires tels que le football ou encore volleyball, sport national de l’Équateur.

Les conditions sanitaires n’étaient pas des plus optimales : eau froide qu’il fallait aller chercher dans le puits, nourriture souillée et puces qui avaient envahis nos matelas faisaient partie de notre quotidien. Cela était parfois difficile mais nous voulions partager complètement les conditions culturelles, sociales et surtout l’environnement local.

Ce voyage m’a permis de rentrer en contact avec une communauté qui serait totalement inaccessible dans un cadre purement touristique. L’échange culturel a tout simplement été magique et enrichissant dans les deux sens. Je pense que c’est une forme de grandir ensemble. Le partenaire local étant habitué à recevoir des groupes de jeunes, il n’y a eu aucune difficulté en ce qui concerne la préparation, le travail en commun et la communication en général. Le cadre est tout simplement idyllique : les montagnes environnantes font de l’endroit une carte postale à chaque moment de la journée, que ce soit à l’aube ou sous une pluie d’étoile. Cette expérience a été très enrichissante au niveau de l’apprentissage personnel  : comprendre qu’il existe d’autres façons de vivre qui sont intéressantes, que ce soit d’un point de vue idéologique, économique, social ou autre. Cette prise de conscience a été pour moi une révélation. Cette expérience permet de relativiser notre propre réalité souvent considérée comme acquise et universelle. Ce voyage a été plus qu’un simple voyage en Amérique Latine, ce voyage a été un voyage introspectif, un voyage méditatif, un voyage qui a fait ressortir en chacun d’entre-nous notre véritable essence : notre humanité !

Remerciements : «Quinoa», «CEAS» et le groupe de jeunes volontaires. Plus d’informations sur : www.projetequateur2010.be

by Miguel Candelas Marchese, Spain/Belgium


La mia storia…

La mia storia del volontariato,

All’inizio persino non desiderato.

Si comincia l’autunno bello,

A Roma tenendo sempre l’ombrello.

Stavo li’ per fare un progetto-

Erasmus – fra gli studenti cosi’ detto.

Mentre studiavo le strane materie,

Ho conosciuto le faccende serie.

Ero al terzo anno dell’Universita’

Ed e’ apparsa la nuova difficolta’.

Dovevo scrivere per forza la tesi,

Fare la ricerca, l’analisi, la sintesi.

Ma prima di tutto trovare il tema,

Avere l’idea, costruire lo schema.

Un giorno disordinato,

Lo sciopero, il cammino sbagliato.

Aspettando il bus alla fermata,

Nell’edicola sono entrata.

E ho comprato qualche giornale,

Per avere qualsiasi cosa da fare.

All’improvviso e ‘succeso questo:

Ho letto un po’, e poi ho smesso.

Gli articoli belli ci sono stati,

Sulle vittime – immigrati.

E ho pensato- l’ho trovato,

Il mio tema cosi’ cercato.

Ma cosa dovevo fare prima,

Conoscere bene qualche vittima?

Questo non era affatto facile,

Cercavo a lungo, stavo umile.

E una volta mio grande amico,

Parlando molto entusiastico,

Mi ha detto di una comunita’,

Che combatte contro la fame e poverta’.

Ho pensato per un momento,

Ci vado per 100%.

…E ci sono andata,

Una vittima? Non l’ho trovata.

Ma quello non mi dava fastidio,

Perche’ ho scoperto l’SANT’EGIDIO.

Da quel tempo ogni settimana,

Ci incontravamo a Via Nomentana.

Dopo la bella, serena preghiera,

Visitavamo la gente povera.

Faceva brutto tempo, era tardi,

Ma bisognava andar a trovarli.

Con le bevute calde e i panini buoni,

Andavamo sempre agli borboni.

Nelle periferie, allo stazione centrale,

Parlavo con chi si sentiva male.

Tutti loro erano senza il tetto,

Stancati di vita senza bell’effetto.

Quello era proprio inimmaginabile,

Vivere cosi’ per la strada terribile.

Senza casa, soli, abbandonati,

Addormentati e non piu’ svegliati.

Cosi’ inutili, mica importanti,

Nostre sorelle, e fratelli tanti tanti.

Com’e’ possibile che vive cosi’ mio fratello,

La gente non lo vede nel suo mondo bello.

Infatti prima di fare questo sevizio,

Anch’io avevo qualche pregiudizio.

Quella gente brutta e spiacevole,

Ma in realta’ nella vita senza sole.

Ho capito perche’ cosi’ mi sembravano,

Perche’ loro sono come un orfano.

Non hanno casa ma prima tutto

Sono tristi, come se fossero in lutto.

L’uomo senza amici si sente male,

Sia nel senso fisico sia mentale.

Vive nel mondo senza sole,

Non sorride, non parla, non lo vuole….

Quando vai a trovarlo cosi spontaneo,

Puo’ vedere il sole dal brutto cielo.

Quando lavori come volontario,

Non conti le ore non controlli l’orario.

Semplicemente gli porti un raggio,

Un raggio di sole di aprile e maggio.

Sei per loro come la primavera,

Caldo vento di fredda sera.

Gli porti il sole e la speranza,

Gli dai l’amicizia e la tolleranza.

Forse non hanno soldi e’ tetto,

Ma c’e’ la nostra amicizia e il nostro rispetto.

Adesso immagini – sei un borbone, non conosci il domani,

Sei solo, senza cibo, in citta’ grande, nei posti strani.

Non sai cosa fare, dove andare, a chi chiedere,

E’ non sai neanche che esiste un mestiere,

Che si chiama un volontario della Comunita’

La quale ti trovera’, ascoltera’ e ti aiutera’ :-)

Grazie a Sant’Egidio ho imparato,

Cosa vuol dire vero volontariato:

Voglio aiutare gli altri,

Indipendentemente dall’eta’, sesso,

Dalla nazionalita’, strato sociale, tempo, umore,

Semplicemente sono per gli altri per il bisogno del cuore.

E queste parole finiscono,

La storia del autore.

by Marta Szyszko, Poland


Rwanda – the Hell on the Earth

It is possible to fly without motors, but not without knowledge and skill.

Wilbur Wright

            Sleeping – waste of time.

            Boredom.

            Limitation.

            Shock.

            In this way humanity slept carnage in Rwanda. “How can you be considered one million lives in Rwanda to be invalid in terms of strategic or national interests?” – April 6, 1994 began 100 days of genocide.

            Rwanda is a small country in central Africa, the size of some of the Polish provinces, inhabited by more than 10 million inhabitants. During that day, plane was shot down on the board with the presidents of Rwanda, Juvenal Habyarimana and Cyprien Ntaryamira (neighboring Burundi). It is not determined exactly who could be behind this to these days, but this event has been clearly perceived by the Hutu – “Fit from the earth Tutsi.” During the reign of the Belgian colony in the identity cards of inhabitants of Rwanda inscribed, to which tribe is the following: the Hutu or Tutsi.

I simply want to live – and this desire keeps me going

            On the road the Hutu militias check anyone who wanted to pass – if you were the Hutus – you had entered, further if the Tutsis – mostly your head was smashed with a machete (before the mass genocide in Rwanda it was imported from China). Hutu militias belonging to the radio station RTLM urged that all the people from their tribe have to murder their Tutsi neighbors, or even from their own tribe, if they do not want to take part in the massacre.

            Relation from the Polish priest, who was at the time of the massacres in Kigali (Capital of Rwanda): “… Within two days the streets were covered with bodies. It was warm, lay rotting corpses, the dogs ate them. (…) Enduring mass, Hutu entered the church, they had whistles. I immediately began to chop people. We, the whites, fled to the presbytery. (…) So it already is that while everyone around me are dying, people believe that the end does not appear.  In the chapel of burnt bones still lie – we buried them in a small tomb. No names. ” Such relations are hundreds of thousands, more or less gruesome. To this day, can not grasp the fact that the neighbors were murdered only because they were from different tribes. The enormity of the crime is still not overwhelming. Certainly within 100 days killed more than 800 000 people!!! What is more, some reports say even more than a million. Until today they are wanted people who are responsible for organizing the massacre. The genocide in Rwanda is called the biggest failure in UN history. Let us hope that the perpetration of such errors is already behind us.

 Day to day life is a breathtaking experience

            Rwanda and neighboring Burundi is a magnificent piece of the world: hilly, green area, full of sun, lakes and rivers. There are great natural pastures! Tutsi lived there – a pastoral people, probably Nilochamici who migrated from eastern Africa. Their last king was 2,20 m tall! Tutsi tribe is a pastoral one with the most important values. They did not kill cows,  they are trying to continually grow their flock. They are feeded on their milk and blood, which drops slightly, by cutting the artery arrow. Evenings, they like to sit and look at their flocks to pasture. 10-15 percent are Tutsi in the population of Rwanda and Burundi, the rest population belongs to the Hutu. Tutsis have never worked too hard, everything needed to live, they made for them Hutu – farmers, counted as Bantu peoples. Tutsi and Hutu are ethnic different and divided by the class, but they could not exist without each other. Worked Hutu and Tutsi fighters assured each other protection.

          These areas were in the late nineteenth century colonized by the Germans, and after the First World War coincided with Belgium. Colonizers behaved structure of local society. In the early 60s Rwanda and Burundi were in the refuge of many Belgians, whose war expelled from neighboring Congo. To maintain its influence in these areas, they tried to play the class-ethnic conflict between Tutsi and Hutu. In Burundi, the Belgians helped to power the Tutsi, who were better organized and pro-belgian. Among the Tutsi of Rwanda they had stronger tendencies to independence – there Belgians supported the Hutu. Even before the two countries gained independence in 1962, was the first fighting between Tutsi and Hutu. Then at the same time two countries broke tribal conflicts. Each succeeding regime, to save themselves in a crisis, a crisis is a permanent phenomenon in African politics. Fighting in the years 1962, 1965, 1972, 1988, 1993 – these were the collective outbursts of horrible massacres, mass escape. Usually began in Burundi, but passing on Rwanda, because the boundary between the two countries is conventional: the people, culture and landscape are the same – it’s a like the two German states recently.

            With the implementation of the agreement, people were waiting for the UN troops, who were busy in other parts of the world and in Africa. A plane crash killed two presidents, it was a high time to starting to struggle for the succession of power. Rwandan regime had a mafia structure, based on the person of the president, his family, the clan. This structure does not tolerate a sudden vacuum in the political center. The world has armed them with weapons machinery.

Life – the most precious value

        Intertribal conflicts in Africa have always been: agricultural and pastoral peoples fought for access to water, land, pastures. The low level of technology and the sparse population resulted, however, that were not the case for mass slaughter. Weapon in the fight were arrows, spears. Only during the Cold War, East and West Africa had machine guns. Also, Rwanda and Burundi are still abandoned in weapons. It is also the most densely populated area of Africa. The small space living there for about 15 million people. Polish missionaries who had returned from Rwanda, talked about  the victims, torture, cruel rituals. Killing the enemy is not enough – to get rid of it, you have to destroy him, destroy his body. In acts of mass hysteria reborn an archetypal behavior. But it is never enough, the media bring out such cases. A killing old men, wounded, women and children? In this conflict comes to the liquidation of the entire tribe. Moreover, civil wars everywhere are particularly cruel. That was the case in Spain and so it is now in the former Yugoslavia. The Civil War with particular force reveals what Dostoyevsky called a phenomenon: 

            Unnecessary cruelty? It is not enough to beat your opponent!

 South Africans hate the White land? Black racism is in American ghettos, it is not actually in Africa. If whitepeople were killed in Rwanda, there have been created some special circumstances. In such conflicts we need to be able to keep up, best get out of sight. Not only the death of the missionaries, but everything that is happening now in Rwanda, shows the failure of efforts. In this beautiful country is the world’s largest concentration of missionaries. It turns out that one hundred years of Christianization it’s against tradition, which dates back thousands of years.

            Rwanda is one of the poorest countries in the world. How to reconcile this fact with the image of the green? Switzerland of Africa? When my friend was in Kigali in 1962, there was even a hotel, nuns, they put him to sleep at the hospital maternity ward. In November last year in guerrilla [Front for the Liberation of Rwanda] we did not eat – once I got a banana, another of the egg, yet there was nothing else. Despite the good natural conditions where there is a poverty, because the level of culture, agriculture is very low. Forested areas, soil erosion progresses. Moreover, all the impoverished agricultural countries in Africa have the cheapest on the world tropical products such as tea or cocoa.

            Western journalists write a nightmare scenario for Africa: how they call her? Continent without hope?, Where democracy has no chance! Seriously? Der Spiegel asks if the only salvation from anarchy would not be a new colonization. It is a crap! Who would like to colonize Africa, which depends on THAT person who has the money? Different civilizations have their own historical time, its own way of existence, their own pace. Any attempt to speed up, go to the shortcuts (for example – communism) ended in disaster. Africa is extremely violent, savage, primitive, but also fascinating. In the nineteenth century, the colony was the criterion of formal state power, and besides, Europe depended on access to raw materials. Today, raw materials – except crude oil – almost lying on the pavement. They are cheap, because they displace them from the market, even cheaper synthetics.

            Africa is a huge part of the world, more than 30 million square miles, 52 countries, nearly 800 million people. It is a continent of many races, several major religions, thousands of languages, hundreds of people. In Africa, there are different processes with conflicting phenomena. Any generalization is here so abusive. The essence of the sociological and economic structures of the Third World is the complexity. It is, moreover, their strength, this gives them the flexibility that allows survival. Will the citizens of Rwanda are able to build their own democracy? Nowhere is it said that the world must be a democracy. Apparently nothing better has not yet been invented. We do not invented anything better for the European civilization. One wonders how this product works in the civilizations of Europe, which are governed by different rules, have a different tradition. For no one can do the story. In Rwanda peolpe need to do their own history alone, as they can. Travelling broadens the mind. New people bring fresh, vivid happiness. I do not like sleeping – cause it limits time of doing fascinating things! We – as humanity – should not sleep through another carnage somwhere in the world.

 by Milena Bodych, Poland


Février 2008, grand départ pour mon SVE

De bon matin, c’était l’heure pour moi de quitter ma Bretagne pour aller m’aventurer dans un pays avec une nouvelle langue, culture, tradition… Une opportunité impensable venait de s’offrir à moi. Certaines appréhensions se faisaient sentir, mais une grande motivation était présente. J’allais travailler dans une association dans la ville de mes rêves: Berlin, capitale de l’Allemagne, ville d’art et d’histoire, mais surtout multiculturelle. Une expérience qui s’annonçait dorénavant très enrichissante et hors du commun. Dès mon arrivée, j’ai été accueilli les bras ouverts par les responsables de l’association, leurs collègues et les autres volontaires de l’association et de différentes nationalités. Je n’étais pas seule dans cette aventure. Une polonaise, une tunisienne et un turc, mes futurs colocataires, avaient déjà commencé leur expérience dans cette association. Chacun d’entre eux paraissait heureux et satisfait de leur choix. Tout pour me rassurer. J’étais entre de bonnes mains, ainsi j’ai pu rassurer ma famille, mes amis, inquiets par ce voyage « long terme ». A peine, arrivée, ma mission était de m’intégrer au plus vite au sein de mes colocataires, mes collègues de travail et les jeunes du quartier pour vivre pleinement cette expérience. Pour que la communication soit plus facile, j’ai eu la chance d’avoir de cours intensifs d’Allemagne, ce qui m’a aidé très rapidement à prendre confiance en moi, à m’exprimer devant les jeunes sans trop de difficultés et surtout passer de bons moments. Sans c’est cours de langue, je pense que mon intégrations aurait été plus lente et plus difficile. Ainsi mon travail au sein de l’association a été de plus en plus engagé. J’ai pris de multiples initiatives grâce à la confiance que mes chefs m’ont donné (concert, spectacles de cirque, tournoi de sport…). Je me suis sentie rassuré et en confiance tout le long de mon volontariat, à chaque problème une réponse, aucun flou. Durant mon service volontaire européen, j’ai effectué deux séminaires dans deux différentes villes d’Allemagne, où j’ai rencontré d’autres volontaires, qui faisaient eux aussi leurs SVE en Allemagne, à Cologne, Hambourg, et encore mieux dans la même ville que moi, Berlin. De nouvelles amitiés venaient de se créer, des européens rempli de nouvelles cultures et de leur nouvelles expériences. Ainsi nous avons pu raconter nos différentes expériences, nos peurs, nos attentes, nos joie…Grâce à eux et ce nouveau réseau, j’ai pu découvrir encore un peu mieux Berlin sous de nouveaux angles, nouveaux regards. Encore aujourd’hui je suis en contact avec ces volontaires, toujours prêts à trouver une occasion pour se voir. Au cours de mon SVE, j’ai affirmé mon envie de travailler dans l’animation. J’ai découvert de nouvelles méthodes de travail qui ont enrichi mon savoir personnel, mais aussi mon curriculum vitae. J’ai pu ainsi tracer un bout de mon projet professionnel, grâce à cette expérience et à ses rencontres. Tout ceci est si simple à entreprendre et si riche culturellement, que tout le monde devrait être informé de l’existence de ce programme, car c’est une opportunité rêver de vivre une expérience à l’étranger, sans se soucier des problèmes de logement, assurance… Après avoir vécu, cette merveilleuse aventure, je n’ai plus la même vision de l’Union Européenne, du citoyen européen, et de vivre à l’étranger. J’ai pu mettre enfin des images et des notions sur tout cela. Tout met devenu si simple maintenant à comprendre: vivre ensemble une expérience, partager, communiquer, rire, écouter, rencontrer, voyager, découvrir, s’ouvrir d’esprit, apprendre, s’épanouir, grandir, être libre…

by Servane Gillet, France


Follow

Get every new post delivered to your Inbox.